martes, 11 de mayo de 2010

RELATO DE "PUTAS"

LA YONQUI
Llevaba siete horas custodiando el callejón y ése era su primer cliente, un viejo camionero borrachín con el que había tenido trato de vez en cuando. Llegaron a un acuerdo y después de que la pagase se fueron al fondo del callejón y llegaron junto a la carrocería oxidada de un coche abandonado. Él la empujó sobre el capo del coche, hizo que se diese la vuelta, le bajó las bragas y la penetró desde atrás. Ella se resignó a las embestidas y pensó que en cuanto terminase se iría directa a por su dosis de droga. Su cuerpo acusaba la abstinencia con calambres y espasmos. Afortunadamente para ella su cliente interpretó que los temblores obedecían a su rotunda virilidad. Ella estaba tan preocupada por la falta de droga que no se dio cuenta de que su cliente había empezado a sodomizarla. Cuando cayó en la cuenta pensó con mente de empresaria y aplicando términos financieros llegó a la conclusión que “un griego” era más caro que un polvo a secas.

- ¡Hey, tío! Darme por el culo te costara cinco euros más.
- No te lo crees ni tú – dijo el cliente sin dejar de menear las caderas.
- ¿Tú de qué vas? O me los pagas o la sacas ahora mismo.

En ese momento el cliente llegó al orgasmo…
La puta salió del callejón maldiciendo. Torció y se internó en una estrecha e inmunda callejuela. Caminó tratando de esquivar los charcos negros y pestilentes del asfalto. Eran las traseras de una calle principal donde estaban los bares y restaurantes de moda de la ciudad. En la sucia y oscura callejuela había repartidos varios grupos de contenedores de basura. Cada grupo estaba separado unos metros del otro. Los gatos y las ratas, ambos del mismo tamaño, rebuscaban entre la basura de los restaurantes. El olor a podrido de los restos de las comidas envolvía el lugar, pero eso era lo que menos preocupaba a la puta. Su única preocupación en esos momentos era conseguir droga. Caminaba con paso decidido a pesar de los continuos escalofríos. Sabía que con el dinero que llevaba encima sólo iba a conseguir lo justo para quitarse el “mono” de encima y que pasadas un par de horas se vería perseguida por el mismo problema, pero lo importante era conseguir cuanto antes la droga, por poca que fuera. Luego ya pensaría qué hacer. Además, siempre podía volver al callejón en busca de más clientes. Al pasar por delante de unos de los contenedores le pareció escuchar una especie de gemido. Un instinto que estaba por encima de su abstinencia la obligó a detenerse y a aguzar el oído. Efectivamente había algo dentro del contenedor que emitía lo que podría llamarse unos quejidos. En un principio creyó que era una cría de gato. Pensó que tal vez podría sacar algo por el cachorro. Recordaba que la pareja de camellos a los que iba a comprar la droga tuvieron una gata que luego desapareció, tal vez quisieran hacerse con otra mascota. Abrió el contenedor y cual fue su sorpresa al ver que se trataba de un recién nacido que aun conservaba su cordón umbilical. Estaba desnudo con el cuerpo manchado con restos de basura, sangre y placenta…


Para seguir leyendo pinchar en la siguiente dirección: http://www.scribd.com/doc/25305453/Putas-de-Pepe-Pereza


FOTOS DE LA PRESENTACIÓN DE LA MANERA DE RECOGERSE EL PELO

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lunes, 10 de mayo de 2010

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NUEVO BLOG DE VINALIA TRIPPERS
Estimados abducidos:
Como ya sabéis, la nave de Vinalia Trippers está descendiendo del firmamento de los 'zines para revolucionar el panorama artístico terrestre. Para ello contamos con un elenco intergaláctico de escritores, poetas, ilustradores que fueron abducidos cuando lanzamos nuestro primer rayo retroabductor.

Ahora, según las directrices del Plan 9 del espacio exterior, iniciamos la segunda fase de conquista terrestre presentando el nuevo blog que, desde la nave de Vinalia Trippers, ha de llegar a todos los reductos del nuevo mundo virtual. Para ello te necesitamos, déjate abducir por Vinalia Trippers y envíanos tus colaboraciones: relatos breves, poemas, ilustraciones, vídeos, música, ensayos, vomitonas... sobre: invasores, aliens, selenitas, monstruos de otros planetas, venusinas, pulp, abducciones, ovnis, naves espaciales, dominio interestelar, zombis atómicos, astronautas... Tenéis ahí campo y cancha virtual para desbarrar a gusto y despacharos como veáis oportuno, teniendo en cuenta las que son y han sido premisas permanentes de Vinalia Trippers: literatura subterránea, independiente y para adultos.

gracias por dejaros abducir

recomendación del día: medita repitiendo el mantra: voy a participar en Vinalia, voy...

PUBLICADO POR XEN
http://vinaliaplan9espacio.blogspot.com/

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domingo, 9 de mayo de 2010

RELATO DE ANA PATRICIA MOYA

Atrapado (para Cuentos de la Carne)
¡Mierda! Me ha acorralado. La puerta está cerrada; la aporreo con fuerza, para ver si alguien me escucha, pero no: a estas horas de la tarde todos estarán en la salida del edificio. Ella, con una sonrisa maliciosa, me enseña la llave, se quita la camisa dejando su pecho al desnudo. “No tienes escapatoria”, me dice, con esa voz que taladra el cerebro. Yo, sudoroso y asustado, me apoyo contra la pared; veo que se me acerca despacito, intento convencerla: “no lo hagas, por favor, no lo hagas, por tu bien y por el mío”. Pero ella no me ha escuchado, ni siente compasión de la lagrimilla que se me escurre. En el momento en el agarra con fuerza mis partes, yo, horrorizado, pienso que qué puedo hacer. Ella me baja la cremallera del pantalón, me baja la ropa interior… y saca mi pene. Empieza a lamerlo. Cierro los ojos, con fuerza. Aprieto los labios de rabia… Dios… qué puedo hacer… no puedo ponerle la mano encima: me acusaría de maltrato… pero… Dios… me está violando… estoy paralizado… Dios… Dios… empuja el miembro hacia su boca… me dejo llevar, indefenso… se mezcla la excitación con la tristeza… si descubren esto, todo mi futuro al carajo… todo… mi futuro… succiona suave… tantos años estudiando oposiciones a maestro de secundaria para que… siento el paladar… por culpa de una puta adolescente salida... joder… Dios… me corro… y ella gime… gozando de mi angustia…

® Ana Patricia Moya

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sábado, 8 de mayo de 2010

MI RELATO EN LA FANZINE

EL INSOMNIOLlevaba un horario de vampiro. Se acostaba al amanecer y se levantaba entrada la noche. Hacía tanto tiempo que era así que no podía recordar cómo había llegado a ese desequilibrio. Siempre le costó conciliar el sueño, se pasaba horas enteras tumbado en la cama esperando, cada vez más nervioso, más desesperanzado, llenando el cenicero de desilusiones, leyendo hasta que sus ojos cansados empezaban a desenfocar las palabras, escuchado las lánguidas emisiones de los programas de radio nocturnos, cualquier cosa para continuar tumbado en la cama. Después de varias horas concentrándose para conciliar el sueño quedaba extenuado, hasta que por fin, la claridad del nuevo día se colaba entre las rendijas de la ventana cerrada y llegaba el sueño. Al penetrar la tenue luz por la rendija de la ventana y encontrarse con la oscuridad del dormitorio se generaba un efecto de cámara oscura. El exterior de la calle quedaba nítidamente proyectado en el techo del cuarto, como si en la penumbra alguien hubiese puesto en marcha un proyector de cine. Mirando ese reflejo mágico, regalo de las maravillas de la óptica llegaba el momento en que por fin conseguía dormirse.
Desde que ella se había instalado allí algunas cosas habían cambiando. La casa había cobrado vida, el frigorífico estaba lleno, la cocina se plagaba de apetecibles aromas a las horas de comer, la lavadora había resucitado y los tendederos blandían al viento las ropas bien lavadas con cariño y suavizante, del espejo del cuarto de baño desaparecieron las salpicaduras de dentífrico, las cortinas del salón recuperaron sus colores originales y las veladas nocturnas se disfrutaban ahora con frutos secos y programas de televisión.
Todo era perfecto.
Bueno... casi perfecto, porque el insomnio seguía haciendo presa en él, y con ella acostada a su lado, esas horas de espera eran más negras y tediosas, pues tenía que prescindir de todos esos complementos que le ayudaban a ir sobrellevando el tiempo: la lectura, la radio, fumar… Cualquiera de esas actividades la hubieran despertado, y ella madrugaba, así que sus horas de sueño eran sagradas. Él temía cada día más la hora de irse a la cama, tener que soportar a oscuras el paso de cada minuto, reprimiendo la necesidad de cambiar de postura, ahogando cada bostezo, cada anhelo... De vez en cuando no lo podía soportar y se levantaba para matar su aburrimiento viendo los teletiendas o simplemente quedándose sentado sin hacer nada en una especie de letargo demencial.
Ese horario desorganizado y deforme le estaba haciendo enfermar. Aunque él no tenía trabajo debía levantarse antes de que ella llegara del suyo, hacer la compra en el mercado y preparar la comida, con lo cual apenas le quedaban una pocas horas para dormir. Estaba siempre tan cansado que la relación entre los dos se fue deteriorando por momentos. El mal ánimo se instaló en la casa como un inquilino fijo. Él intentó combatir el insomnio a base de litros de valeriana y un recital de somníferos, pero todo fue en vano, y pronto se vio solo de nuevo. El frigorífico se fue vaciando, los tendederos también, el fregadero de la cocina se llenó de platos mohosos y cubiertos resecos, el espejo del baño recuperó los puntitos de dentífrico... y él siguió su vida de vampiro, esperando a que el amanecer entrase por la rendija de la ventana y proyectase sobre el techo las mágicas imágenes que le prometían que el sueño estaba cerca.

® pepe pereza

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PRESENTACIÓN EN GIJÓN

Hoy en la Librería La Buena Letra (C/ Casimiro Velasco, 12, bajo), será la presentación de Hablando de leyendas. A las 20:00 horas. Con la presencia de Antonio Díez y David González.

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viernes, 7 de mayo de 2010

LA HABITACIÓN DE HUBERT SELBY Jr.

Hubert Selby Jr. en El Mundo

¿Qué fue de la novela "maldita" de Hubert Selby Jr?

Publicada en 1971, La habitación había permanecido inédita hasta ahora y Ediciones Escalera la rescata


Hay quien asegura que es la novela más claustrofóbica que se ha escrito jamás. Se llama La habitación. Hubert Selby Jr. fue un tipo triste, que quiso ser marinero y se quedó en escritor (la tuberculosis le robó un pulmón y obligó a su mujer a trabajar mientras él se quedaba en casa, al cargo de su hija). Cada vez que iba al médico, el tipo se sorprendía de que siguiera vivo. "Con ese pulmón no durarás demasiado", le decían una y otra vez. Así, no es de extrañar la brutal urgencia con que se redactaron (y golpean al lector) las páginas de Última salida para Brooklyn (Anagrama), su obra maestra, hasta hace unos meses la única obra de Selby que podía encontrarse en las librerías españolas. Última salida para Brooklyn es su primera novela y partió de un cuento titulado como el segundo disco de The Smiths (Morrisey es fan de Selby): The Queen Is Dead.


Con el más que inminente aterrizaje de La habitación (segunda novela de Selby, y la más dura de todas), serán tres las novelas del genio maldito (y ex yonqui y amante de las mayúsculas) que puedan encontrarse en las librerías españolas. Recientemente, Sajalín Editores rescató del olvido esa oda a la familia desestructurada y la podredumbre del sueño americano que es Réquiem por un sueño. Y Ediciones Escalera hará lo propio con La habitación.


La habitación podría leerse como un antecedente directo (y descarnado) del American Psycho de Bret Easton Ellis. "La novela más dura que se ha escrito jamás", dijo su autor, en algún momento. Tanto que el propio Selby tardó 20 años en releerla, una vez publicada. La novela es, en realidad, la discusión mental que una especie de Patrick Bateman (un asesino maquiavéclico) mantiene consigo mismo encerrado en una celda, en prisión, a la espera del juicio. El tipo en cuestión, un hombre violento que odia a todo el mundo y sólo piensa en vengarse, verlo estallar todo en pedazos, no deja de repetir que él no ha hecho nada, que es inocente. "Un viaje a los rincones más oscuros de la mente", como dijo alguien, ahora, por fin, a nuestro alcance.

Laura Fernández
El mundo
01.05.2010
Cortado y pegado del blog ESCALETRA
http://escaletra.blogspot.com/

RELATO DE VOLTIOS

(Foto de Voltios)

llenar la nevera

Totalmente acojonado. Así se encontraba Ahmed en ese momento y durante los últimos veinte minutos.
Allanar el camino y dar con la presa adecuada no le fue fácil, pero menos aún seguirla hasta dar con el lugar y el momento exacto en el que iba a disputarse una prórroga, lo suficientemente arriesgada, como para salir ileso.

Caminaba despacio, titubeando a la hora de colocar los pies y la garrota sobre los adoquines de la acera. Ahmed no quitaba ojo al bolso negro que le colgaba del hombro a la anciana. Le zumbaban los oídos, se le nublaba la vista. Sabía reconocer, de sobra, los signos de la ansiedad. Los dedos de las manos bailaban dentro de los bolsillos de su pantalón gastado presa de los nervios.

Sonó el pitido, el del árbitro que marca el inicio de la prórroga. Aprovechó el instante, el momento en el que la mujer sacó un pañuelo de tela para sonarse los mocos.
La patata le iba a reventar, quería salir por la boca y las arcadas que pretendían apropiarse de él, le cosquilleaban en la garganta.

Calculó mal. Al notar el tirón, la anciana, con una fuerza inusual en una persona de su edad, acercó el bolso más hacia sí, apoyando la espalda contra la pared.
Le temblaban las piernas. ¿Qué coño iba a hacer ahora? Los brazos de carne gelatinosa se aferraban con fuerza al objeto del deseo. De pronto empezó a aullar, a pedir auxilio. No tuvo remedio. Cerró el puño con toda su fuerza y la golpeó violentamente en la boca. Fue un acto reflejo, más que nada para que dejase de gritar. La anciana perdió la conciencia tras recibir el trancazo. Ahmed, con la adrenalina supurando, trincó el bolso de cualquier modo y emprendió la huida, dejando atrás, de cualquiera manera, sin atención, como una marioneta a la que le han cortado los hilos de un tijeretazo, aquel cuerpo decrépito.

Trataba de recuperar fuelle, doblado sobre sí, con las manos en las rodillas, en la oscuridad del portal. Todavía notaba las palpitaciones en las sienes, con menos fuerza, pero ahí seguían.
Se sentó en el primer escalón e inició el recuento del botín: un paquete de kleenex, el estuche manoseado de unas gafas, estampitas de santos y vírgenes, un bolígrafo, una barra de labios casi consumida y un monedero con fotos de carné y doscientos treinta euros. Joder. ¡Doscientos treinta euros! Esbozó una sonrisa. ¿Dónde cojones iría la anciana con tanta pasta? Daba igual. La cuestión es que estaba en su poder.

Vivía en la última planta de un viejo bloque de cuatro alturas. Sin ascensor. Trepó, asiéndose a la barandilla hasta su casa.
Lo primero que hizo al entrar fue buscar a su hermana pequeña, con cuatro años, jugaba en el suelo de un cuarto con muñecas decapitadas y piezas de algún rompecabezas. Acarició su cabeza sin borrar la sonrisa triunfal de su rostro.
Le llamaron desde el otro extremo del pasillo. Su madre. Acudió con paso firme y decidido haciendo una entrada gloriosa con la presa bajo el brazo.

-¿De dónde vienes Ahmed?- agitada por los escalofríos, los labios amoratados y la alta fiebre.

- Un trabajo, madre- mintió.

En ese instante se percató, tarde, de que no se había deshecho del puto bolso para quedarse solo con el dinero. Demasiado tarde.

- ¿Y ese bolso?- tratando de salir bajo el peso de tres mantas para amonestar a su hijo.

- Lo encontré- volvió a mentir.

No era tonta, sabía la procedencia. Y él, Ahmed, sabía que resultaba imposible tomarla el pelo.

- Son doscientos treinta euros, madre- trató de explicar-. Dinero de sobra para comprar medicación y llenar la nevera.

En vista de que no podía incorporarse, débil como estaba, se sentó en el parcheado sofá. Los ojos se le inyectaron de furia, de mal genio.

- ¿Así os educó tu padre?- chilló-. ¿Así os he educado yo?- volvió a interrogar.

-Pero...- balbuceó Ahmed.

- Nada de peros- le cortó tajantemente-. ¡Oh, Karim, Karim, esposo mío!, ¿porqué él no ha de seguir tu ejemplo?- mirando al cielo.

Trató de esconder las manos y el bolso en la espalda. Apartarlos de la mirada de ella y así disminuir su enojo.

- Tu padre era un santo, y jamás, me oyes, jamás robó para llenarnos la nevera- hizo una pausa-, o para conseguir mi medicina, hijo mío.

- No madre, no robó. Y te llenaré la nevera, y te compraré tus pastillas cuando cumpla los dieciseis años- se paró, pensando en lo que iba a decir-. Pero nunca me pondré, en la cintura, bombas, con excusas que no entiendo, para dejar huérfanos a mis hijos.


http://angelrodriguezpoeta.blogspot.com/

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jueves, 6 de mayo de 2010

RELATO DE DAVID GONZALEZ DEL LIBRO EL DEBUT DEL CHICO TATUADO

BIBLIOGRAFÍA DE DAVID GONZÁLEZ (Poesía)
Loser. Bartleby Editores, Madrid, 2009; El demonio te coma las orejas [1997 – 2008] Glayiu Editorial, Asturias, 2008; En las tierras de Goliat. Ediciones Baile del Sol, Tenerife, Islas Canarias, 2008; Algo que declarar. Bartleby Editores, Madrid, 2007; Reza lo que sepas. Editorial Eclipsados, Zaragoza, 2006; El amor ya no es contemporáneo (poemas y relatos 1997-2005). Ediciones Baile del Sol, Tenerife, Islas Canarias, 2005; Tango azul. Editorial de la Universidad Católica de Córdoba, Argentina, 2005; Hasta los paranoicos tienen enemigos. Ediciones La Tapadera y Alternativa Antimilitarista-MOC Valencia, Valencia, 2004; Anda, hombre, levántate de ti. Bartleby Editores, Madrid, 2004; El hombre de las suelas de viento (Poemas africanos de Arthur R.). Editorial Germanía, Alzira, Valencia, 2003; La carretera roja. Editorial CELYA, Salamanca, 2002; Sembrando hogueras. Bartleby Editores, Madrid, 2001; Dass dir der teufel die ohren auffrisst (El demonio te coma las orejas). Ediciones Ropynol, Siegen, Alemania, 2000. Traducción al alemán: Kostas Tanakas; Sparrings. Línea de Fuego, Asturias, 2000; Los mundos marginados (poemas de la cárcel). Ediciones Mañana es arte: www.babab.com : Madrid, 2000; Ley de vida. DVD Ediciones, Barcelona, 1998; El demonio te coma las orejas. Asociación Cultural Crecida, Ayamonte, Huelva, 1997; Nebraska no sirve para nada. Ediciones Peña Tú, Gijón, 1995; Ojo de buey, cuchillo y tijera. Edición de autor, Gijón, 1993.


EL DEBUT DEL CHICO TATUADO
Entré en la oficina del maestro de perfiles a recoger el sobre que contenía el resultado del reconocimiento médico-laboral que me habían efectuado en los servicios médicos de la empresa quince días antes.

SE ACONSEJA ACUDIR A SU MÉDICO DE CABECERA CON ESTOS ANÁLISIS.

Acudí.
En la sala de espera, dos mujeres daban la lengua:
- ¿Cuánto has adelgazado? -preguntó una.
- Veintiséis kilos -respondió la otra.
- Estás más guapa así.
Oí mi nombre y mis apellidos. Entré en la consulta, me senté, dije:
- He adelgazado nueve kilos en menos de un año.
- Me vas a hacer análisis de sangre y orina.

- ¿Y tú a qué lo achacas? -me preguntó, unos días después, el médico, el mismo.
- A los nervios -le dije.
- ¿Así que tú crees que la causa son los nervios?
- Sí- le dije -. Eso creo. Sí.
- Veamos -dijo.
Pulsó uno de los botones de su interfono:
- ¿Están por ahí los resultados de la analítica practicada a David González?
Estaban. Se los trajeron. Les echó un vistazo por encima.
- Diabetes -me dijo-. Esa, y no otra, es la causa del adelgazamiento.
- ¿Y eso tiene cura? -le pregunté.
- La diabetes es una enfermedad crónica -me contestó.
- ¿Y tendrá que pincharse insulina? -le preguntó la mujer que antepone mis necesidades a las suyas.
- Si no hubiera indicios de acetona, quizá no.
- ¿Pero cuál es la relación de la acetona con la diabetes? -le preguntó ella.
- Cuando aparece acetona significa que la insulina que produce el páncreas no trabaja bien -le dijo el médico-. No depura el azúcar ―explicó―. Entonces, el organismo sustituye esa insulina por otra sustancia, la grasa por ejemplo. De ahí que David haya adelgazado tanto- terminó.
Luego me preguntó:
- ¿Hay antecedentes de diabetes en tu familia?
- Que yo sepa no -le respondí-. Aunque mi madre se puso insulina durante mi embarazo.
- Te voy a preparar un volante para que vayas mañana al hospital -me dijo-. Vas por urgencias.
El bolígrafo con el que garabateaba, de madera, tenía su nombre grabado, en letras doradas, en la pestaña de acero inoxidable.
- ¿Fumas? -me preguntó.
- Sí.
- ¿Cuánto?
- Dos cajetillas al día.
- ¿Fumas porros?
- Alguno, sí. Pero pocos.
- ¿Alguna otra droga?
La realidad era mi droga, recuerdo que decía Cyril Collard.
- ¿El alcohol cuenta?
- Sí.
- Pues entonces alcohol también.
- ¿Y aparte del alcohol?
- A veces esnifo farlopa?
- ¿Cocaína?
- Sí.
- ¿Qué cantidad?
- No sé…Tres o cuatro rayas los fines de semana.
¿Pero a quién pretendías engañar, tío? ¿Al médico o a ti mismo? Sabías de sobra que era raro el finde que bajabas de los dos o tres gramos.
El médico me miró, como si pensara: y qué más.
- Y pastis.
- ¿Éxtasis?
- Sí. En alguna fiesta.
- ¿Tus padres viven?
- Sí - aún no les había matado a disgustos.
- ¿Tienes alguna enfermedad?
- Diabetes - le vacilé.
Levantó los ojos de la mesa, me miró.
- Aparte - me dijo.
- No.
Me firmó el parte de la baja laboral.
- Y no te preocupes -me dijo-. Podrás seguir haciendo una vida normal (ya) y podrás seguir trabajando (sí, también).
Salimos de la consulta, del ambulatorio, y subimos al coche (porque de aquella aún tenía coche). No alcanzaba a comprender todavía, a imaginar siquiera, si finalmente se confirmaba, la importancia de lo que el médico de cabecera acababa de decirme. La gravedad de la dolencia que me había diagnosticado. Ni cómo afectaría a mi vida y a la de todos aquellos con quienes la compartía, en especial a la de la mujer que se desvive por mí.
- ¿Avisaré a mi madre? - le pregunté.
- Espera a mañana -me dijo-. Espera a ver qué pasa mañana, qué te dicen. No la dejes preocupada.
Cuando le di a la llave de contacto, las lágrimas arrancaron a la primera.
- Tranquilo -me dijo ella acariciándome la espalda con ternura-. Tranquilo –repitió-. Deja de llorar. No llores más. Ahora ya sabemos por qué eres tan dulce.

A las nueve en punto de la mañana entregué el volante en la ventanilla de admisión de urgencias del hospital.
Un celador me acompañó hasta una habitación minimalista: una cama diminuta, un armario metálico y una mesa.
- Quítate toda la ropa, menos los calzoncillos, y métela en esa bolsa.
Una bolsa de plástico, como las de la basura, del mismo color.
- Y ponte este camisón.
No sabía cómo se ponía, así que terminé por ponérmelo del revés. Me dejaba al descubierto los tatuajes del pecho: una paloma con una hoja de laurel en el pico y un revólver del calibre cuarenta y cinco.
Entró una enfermera, reparó en los tatuajes.
- ¿Tiene ganas de orinar el chico tatuado? - me preguntó.
- No muchas, la verdad.
- Entonces me veré obligada a ponerte la sonda - dijo.
- De repente me han entrado unas ganas tremendas - dije.
Entró una mujer, médico, endocrino, joven, guapa, saludable. La paloma, en su vuelo, le pasó raspando la cara. El revólver la encañonó.
- ¿Dónde te hiciste eso? - me preguntó.
Es mejor, siempre que sea posible, decir la verdad.
- En la cárcel -le dije.
- ¿Y por qué fuiste allí? -quiso saber.
- Por malo.
- ¿Y estuviste mucho tiempo?
- Tres años.
Entró otra vez la enfermera.
- Vamos a hacerle un electro al chico tatuado - dijo.
Entonces, de repente, reparé en las uñas de mis pies. Con las prisas, los nervios, el madrugón, me había olvidado de cortarlas. Me daba vergüenza, mucha vergüenza, que la enfermera pudiera llegar a pensar que yo era un marrano. La sábana no alcanzaba a taparme los pies. Estaban largas, mis uñas, tan largas que hubiera podido enroscarlas sin ningún problema a los barrotes que había a los pies de la cama. Sin embargo, la enfermera no pareció darse cuenta, o ya estaba acostumbrada, y mi cuerpo se transformó, en apenas unos instantes, en un amasijo de cables, pinzas y parches.
La habitación no tenía puerta. Cortinas. Estaban descorridas. Observé lo que sucedía en el interior del cuarto número seis. Exploraban a una paciente, una chica joven, pelirroja, con aspecto de yonqui. Llevaba puestas unas bragas y un sujetador, a juego con el color de su piel, el blanco. El adjetivo delgado se quedaría corto si me viese en la tesitura de tener que hacer una descripción de su cuerpo. Pero si tuviese que describirlo, diría que estaba consumido. Igual que su rostro. Los pómulos sobresalían tanto que parecían nudillos. Los ojos, en un intento desesperado por escapar de la invasión a que estaba siendo sometida su intimidad, se detuvieron, por unos segundos, en los míos, reconociéndolos, aceptándolos. Su mirada lo decía todo: En manos de extraños, tío, así acabamos. En manos de extraños.
Entró un médico. Se fijó en las tres cicatrices del antebrazo, del siniestro. Puso cara de asco. Pero era humano, el endocrino, sentía curiosidad.
- ¿Y eso? -me preguntó-. ¿Te cortaste?
- Me lo hice en la cárcel con la hoja de una maquinilla de afeitar - le contesté.
- Así que te diste a la mala vida, ¿eh?
- Algo parecido, sí.
- Pues ahora ya se te acabó - dijo, con satisfacción.
Me acordé de Hubert Selby Jr, el escritor estadounidense, de algo que dijo, o escribió: La luna de miel se ha terminado.
- Tienes diabetes de debut, diabetes insulinodependiente -me dijo el medico-. ¿Has venido con alguien? Vamos a dejarte aquí.
En manos de extraños, pensé, y volví la vista hacia el cuarto número seis, pero en el cuarto número seis no había nadie. La chica con aspecto de yonqui, la pelirroja, ya no estaba. Se la habían llevado.


Cortado y pegado del blog “Azotes caligráficos”

ESTRENO DE ESTIGMAS

La película ESTIGMAS dirigida por Adán Aliaga se estrenará a partir del próximo viernes 7 de Mayo en los cines Casablanca Kaplan de Barcelona y los Cines Luchana de Madrid.

El mismo día 7 se presentará la película en el Saló Internacional del Còmic de Barcelona a las 19.30 con la presencia del director Adán Aliaga, el dibujante Lorenzo Mattotti y los actores Manuel Martínez y Marieta Orozco. Además se presentará un dvd especial que saldrá a la venta el 19 de Mayo.

Más información: http://www.estigmas.info

POEMA DE CHOCHE

057
silencio,
el local en absoluto silencio,
ni tan si quiera
el ruido de las cervezas,
una silueta
en el escenario,
un foco
de luz violeta,
la silueta
se hace carne,
la carne
se convierte en cuerpo,
cuerpo para el deseo,
belleza absoluta
en todas sus curvas,
cuello perfecto,
delicatessen para vampiros,
inalcanzable para los humanos,
su espalda
nos ilumina como un faro,
atracción total
hacia los lunares
que la habitan,
resaltan de su espalda
como la constelación de Cygnus,
belleza planetaria
en este nuestro mundo,
del resto,
ni me fijo,
será verdad eso que decían,
no seré normal,
me despisto con facilidad,
la gente aplaude,
la luz se apaga,
la vulgaridad
regresa
a nuestro mundo.

PUBLICADO POR CHOCHE EN SU BLOG “LA INEXISTENCIA ESTOMACAL” HTTP://LAINEXISTENCIAESTOMACAL.BLOGSPOT.COM/

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miércoles, 5 de mayo de 2010

RELATO INÉDITO


Dedicado a Adriana Bañares

ESPERANDO LAS VACACIONES
Mi madre y mis dos hermanas se habían ido a Guijuelo a pasar unos días con la familia. Mi padre y yo teníamos que trabajar y no disfrutaríamos de las vacaciones hasta tres semanas después. Así que tuvimos que quedarnos en Logroño, trabajando. Ambos trabajábamos en la misma empresa: SIMAGO. Mi padre atendía el mostrador de la carnicería mientras que yo estaba en la sala de despiece. Era un trabajo asqueroso, el mío. Todo el día entre carne sangrante y vísceras. No estoy diciendo que la labor que desempeñaba mi padre fuera mejor, él también tenía que aguantar lo suyo. Estar cara al público no es tarea fácil. Tener que aguantar durante ocho horas al día a todo tipo de clientes es durísimo: No me cortes los filetes tan finos. Ahora córtamelos más finos. No me pongas de esa pieza, ponme de esa otra… Pero mi padre había sido toda la vida carnicero y sabía cómo tener contenta a la clientela. Yo, sin embargo, odiaba todo lo que tuviera que ver con esa mierda de trabajo. A mí lo que realmente me gustaba era el teatro. Quería ser actor a toda costa, pero según mis progenitores esa no era una profesión con futuro. Como aún vivía en su casa me veía obligado a acatar sus decisiones, por eso no me quedó otro remedio que dedicar ocho horas al día, durante cinco días a la semana, a despiezar, a hacer carne picada, hamburguesas, salchichas, chorizos, descargar cuartos de ternera, etc. Puede que así dicho no suene tan duro, pero lo era. Por ejemplo, para hacer la masa de las hamburguesas había que remover grandes cantidades de carne picada y huevos con las manos. La carne estaba tan fría por haber estado en la cámara frigorífica que al cabo de unos minutos las manos empezaban a dolerte porque estaban al borde de la congelación. Lo peor no era eso, lo peor venía después, cuando terminabas la tarea y las manos poco a poco recuperaban la temperatura normal. Era entonces cuando el dolor llegaba a su máximo apogeo. Te salían sabañones y los dedos se te hinchaban hasta el punto que parecía que iban a explotar. Otro ejemplo, un cuarto de ternera viene a pesar unos setenta kilos, lo que yo pesaba por aquel entonces. Descargarlo de un camión y llevarlo hasta la cámara frigorífica era una verdadera tortura, primero por su peso, segundo porque tenías que cargártelo al hombro pingándote de sangre y grasa. Era realmente duro y asqueroso. Luego estaban los cortes descomunales que te dabas con los afiladísimos cuchillos. En medio año yo me había acuchillado el muslo derecho. Tuvieron que darme cinco puntos de sutura por dentro del corte y otros cinco para cerrar la herida. También tuvieron que coserme un corte en un brazo: tres puntos. Y en varios dedos: trece puntos. Eso hace un total de veintiséis puntos de sutura. Los médicos de la compañía que tenía contratada la empresa bromeaban conmigo cuando me veían llegar y decían: ¿Qué vienes a ponerte o a quitarte puntos? Un trabajo de mierda sin lugar a dudas.
El caso es que ese verano mi padre y yo nos quedamos solos en casa. Lo estábamos llevando bien hasta aquél día.
A medio día salimos del trabajo para ir a comer. Por el camino me di cuenta de que mi padre estaba de mal humor. Supuse que León, el encargado, que era un borde, todo hay que decirlo, le había tocado los cojones más de lo habitual. O simplemente hacía demasiado calor, o talvez tuviera un mal día, en todo caso mi padre estaba malhumorado. Llegamos a casa y yo me fui directamente a la cocina mientras él se iba al salón. Por mutuo acuerdo habíamos decidido que yo me ocuparía de cocinar y él de fregar. Así lo habíamos hecho durante los cinco días que llevábamos solos. Opté por unas ensaladas como entrantes y macarrones con carne picada y tomate de primer plato. Algo de fruta y un café completarían el menú. Enchufé el radiocasete y metí una cinta de Pink Floyd. Me puse manos a la obra. Al poco entró mi padre.

- Con esa música de mierda no puedo escuchar la tele – dijo.
- La música está al volumen de siempre – dije.
- Te he dicho que lo bajes.
- Papá, si estás cabreado no la pagues conmigo.
- No estoy cabreado.
- Pues no lo parece.
- ¿Vas a bajar el volumen?

La pregunta era más bien una amenaza encubierta. Eso me cabreó. Aun así, conseguí controlarme y bajé el volumen de la música. Mi padre salió de la cocina sin pronunciar palabra y se dirigió al salón. Oí cómo subió el volumen del televisor, así que creí justo subir un poco el del radiocasete. Al momento mi padre se personó en la cocina.

- ¡Mecagoendiosla! No juegues conmigo – me amenazó.
- Se escucha más la tele que la música – protesté.
- Baja de una puta vez la música.
- La bajaré cuando tú bajes el volumen de la tele.

Supongo que mi padre no estaba para contestaciones. Cogió el cable del radiocasete y tiró con rabia de él. El enchufe se soltó y la música dejó de sonar. Sentí un fogonazo de calor en la nuca y una voz que me decía: Rómpele los dientes de un cabezazo. Hice oídos sordos a la voz y tragué saliva. Cogí el enchufe y lo enchufé. La música volvió a salir por el altavoz.

- No me provoques – gritó.
- Eres tú el que viene provocando. Yo estaba tan tranquilo haciendo la comida – grité.
- O quitas la música o la quito yo.
- La música se queda como está.

Hizo amago de volver a coger el cable pero yo le intercepté la mano y se la sujeté con fuerza. Mi padre hizo más fuerza y aquello se convirtió en una especie de pulso. Los dos estábamos rojos de ira y nos esforzamos al máximo por demostrar al otro quién era más fuerte. Estaba a punto de doblegarle cuando, con su mano libre, me lanzó un directo al mentón. Lo vi venir e intenté esquivarlo. Su puño impactó en mi oreja. Era la primera vez que mi padre me ponía la mano encima. El dolor me nubló el sentido y reaccioné violentamente. Conseguí pasarle el brazo por encima del cuello, lo cerré a su alrededor y presioné con todas mis fuerzas. Giré el hombro hacia delante flexionando las rodillas obligando a mi padre a caer al suelo.

- ¿Y ahora qué? Eh, cabrón – le dije sin soltarle del cuello.

Mi padre se revolvió intentando zafarse de la llave con la que le tenía sometido. Apreté más, cortando por completo la entrada de aire en sus pulmones. Le vi ponerse rojo y patalear. Le vi abrir los ojos hasta que casi se le salieron de las órbitas. Seguí apretando.

- Ya… vale – consiguió decir a duras penas.
- ¿Vas a dejar de tocarme los cojones?
- Sí.

Le solté y di un paso atrás, preparándome para atacar de nuevo si fuera necesario. Mi padre se quedó en el suelo, recuperando el aire, derrotado. Yo, su hijo de diez y nueve años, le había destronado. Yo era el más fuerte.

® pepe pereza

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(foto de Mark Holthusen)

martes, 4 de mayo de 2010

EL TEJEDOR EN MADRID


Introducción de David González:
Aunque ya llevo escritos unos cuantos y no descarto escribir alguno más, he de admitir que no soy nada amigo de prólogos o epílogos. A mi entender, la poesía –buena o mala, de una tendencia u otra, de este siglo o del anterior o del de Oro– se explica por sí sola, sin necesidad de más palabras que las que están en el poema.

Aclarada esta cuestión, considero necesario, no obstante, escribir unas palabras, las justas espero, acerca de la concepción y del propósito final de esta antología que tienes en las manos y del ambicioso proyecto poético que se esconde detrás y del que ella es, por así decirlo, la estación de origen, de la que parte El Tejedor en…

¿Te interesaría coordinar una serie de antologías sobre poesía contemporánea escrita por poetas de origen hispano que estén viviendo en distintas ciudades del mundo?

Si las palabras de J. Jesús Sanz, Juanje, editor de la L.U.P.I (La Única Puerta a la Izquierda), no fueron estas, fueron otras muy parecidas. Yo estaba trabajando, y todavía lo hago, en otras tres antologías de poesía; pero esta era la primera vez, en mi vida de escritor, que un editor –aunque fuese amigo mío, como sin duda lo era, y es, Juanje– me proponía coordinar algo, y menos un proyecto antológico de semejante calibre.

¿Qué estén viviendo o que hayan nacido allí?, le pregunté.
Que estén viviendo, me contestó. Que lleven haciéndolo unos cuantos años, precisó. La idea, me dijo, es que se trate de poetas que procedan de otras regiones, países o de la propia ciudad en sí… poetas que escriban desde distintos ambientes, barrios, credos, estilos, imaginarios, lenguajes, orígenes, registros… poetas que escriban desde diferentes edades, estéticas, voces, temáticas, profesiones (guarden o no relación con la poesía, la literatura en general u otras disciplinas artísticas)… En definitiva, concluyó, poetas que le tengan tomado el pulso a la ciudad, tú ya me entiendes…
Creo que sí, le dije, poetas que escriban desde distintas realidades, ¿no es eso?
Ya empezamos a entendernos, respondió.

¿Y en qué ciudad habías pensado para poner en marcha esta historia?, le pregunté.
Estábamos cenando en un restaurante de Cimadevilla, mi barrio: en el restaurante “La mar de bien”, en una mesa de la terraza, cubierta por un mantel blanco de papel, sujeto con pinzas a los bordes de la mesa para que las ráfagas del viento del nordeste no se lo llevaran.

En Nueva York, me dijo.
Antes de levantarnos y sellar nuestro acuerdo con un fuerte apretón de manos como acostumbran o acostumbraban hacer los hombres de palabra y un abrazo, amén de fuerte, solidario, Juanje me regaló el bolígrafo con el que ahora escribo estas líneas, un buen bolígrafo, de la casa Faber-Castell.
Por entonces –y esto solo lo comento a título anecdótico–, ninguno de los dos podía sospechar que al camarero que nos atendió le asesinarían tiempo después, de hecho hace unos días tan solo, a la puerta de su casa, crimen aún por esclarecer.

Nueva York, había pensado Juanje. ¿Por qué Madrid entonces? Muy fácil. Mientras empezaba a documentarme acerca de poetas hispanos que residieran en la ciudad de Jim Carroll o Woody Allen, caí en la cuenta de que un proyecto de estas características, que nacía con vocación de road movie y cuyo propósito a largo plazo no era otro que el de tejer un constructivo discurso sobre, y me hago eco de las palabras del editor, poesía contemporánea escrita por poetas de origen hispano que estén viviendo en distintas ciudades del mundo, y cuya lengua madre es, por tanto, el castellano, debería, en justicia, dar comienzo en el país de procedencia de dicho idioma y, en concreto, en su capital, Madrid, cuyo carácter intrínseco procede de sucesivas oleadas migratorias… y ciudad en la que, dicho sea de paso, conozco de primera mano la obra de incontables poetas, lo cual contribuiría a facilitar, y de qué manera, mi trabajo.

Dicho esto, y dejando a un lado otras consideraciones, solo me resta por añadir que confío en que mi trabajo en este libro esté a la altura de las expectativas que me he creado. El trabajo de los poetas aquí incluidos, el de Javier Seco, artista gráfico, y el del editor, lo está.
Nos vemos en Madrid.
Y luego, sí: en …

David González, a 8 de febrero de 2010.

POÉTICAS PARA UNHA VIDA

POÉTICAS PARA UNHA VIDA, 2010 (Ciclo de poesía oral, experimental e de acción) Do 7 ao 22 de maio, VERBUM-CASA DAS PALABRAS, Vigo (Av. Samil, s/n)


PROGRAMACIÓN
7 de Mayo, 20 h: CARMEN KRUKEMBERG (Intervén ao violonchelo SUSANA BLANCO NOVA)
8 de Mayo, 20 h: YOLANDA CASTAÑO (recital multimedia)
8 de Mayo, 21 h: CÍA DAVID FERNÁNDEZ (poesía escénica)
14 de Mayo, 20 h: MICROPOETISA AJO (polipoesía)
14 de mayo, 21 h: QUICO CADAVAL (estreo da performance ON AIR)
15 de Mayo, 17 h: DAX 31 (poesía de acción na rúa Príncipe. Areta González, Noelia Fernández e Emilio Zörn).
15 de Mayo, 20 h: INÉDITOS LIBRES. Marcos de la Fuente / Bea Romarty / Sociedad Psicogeográfica de Salamanca (Emilio Papel – Luis Somoza) / Penúltimo acto- Grupo de acción poética.
21 DE Mayo, 20 h: ANTÓN LOPO (poesía de acción)
21 de Mayo, 21 h: AVELINO SAAVEDRA (poesía sonora)
22 de Mayo, 20 h: ESTELA LLOVES (danza /poesía)
22 de Mayo, 21 h: AD HOC (poesía visual y de acción. Colectivo formado por Antonio Rivas, Pedro Lamas, Ramón Cruces e Lois G. Magariños)
Mostra de videopoemas (EXTENSIÓN MOV) Proxección continua ao longo de todos os días que dure o ciclo. Lista de seleccionados: Alexia Miranda (El Salvador) / Patricio Munita (Santiago de Chile) / Francesca Fini (Roma) / Javier Seco (Granada) / Kenji Ouellet (Berlín) / Agustín Calvo Galán (Barcelona) /El taller de Zenón (Sevilla) / Alejandro Uribe (México) / Silvia Hernández / Francisco López (Teruel) / Silvio de Gracia (Buenos Aires)

Mostra de ENSAMBLADOS DE POESÍA CORREO (poesía experimental):
Velpister / Daniel de Culla / Hugo Pontes / F. Xavier Forés / Carmela Mayor / Lourdes Carcedo /Amarilys Quintero Ruiz / Silvia Hernández / Petra Secikova / Vanesa Díaz / Miguel Jiménez / Luz y Cía / José Carlos Velázquez / Kiichi Nakamura / Sergi Quiñonero / César Reglero / Isabel Joverm / Bartolomé Ferrando / Thara E. Sarmiento / Emerenciano / Emilio Zörn

Cortado y pegado del blog de VELPISTER “Transeúntes del olvido”
http://velpister.blogspot.com/

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lunes, 3 de mayo de 2010

FRAGMENTOS - LA MIRADA DE RAFAEL AZCONA

Ayer, uno de mayo del dos mil diez, mi sobrina hizo la primera comunión. Antes de la ceremonia, en la iglesia se había celebrado un funeral y terminada ésta se iba a celebrar otro. Por lo visto, un chaval se había matado en un accidente con una moto.
Pues bien, aunque casi nadie de mi familia es creyente, y yo memos, he de reconocer que me emocioné al ver a María, mi sobrina. Tan guapa con su elegante vestido y su bonito peinado. Pero no es esto lo que yo quiero contar. Lo que yo quiero contar es un hecho curioso que observé al salir de la iglesia. Se formaron dos filas, una la formábamos la gente que salíamos de la comunión. Gente alegre con vestidos de colores llamativos, haciendo fotos y comentando lo guapas y guapos que estaban los niños y niñas que habían comido por primera vez del cuerpo de Cristo. La otra fila la formaban los que entraban para asistir al funeral del chaval que se había matado con la moto. Todos iban de negro, con el gesto triste, a punto del llanto. Fue curioso, por un momento vi la escena a través de los ojos del fallecido Rafael Azcona. La mirada de Rafael. Rafael era un experto en atrapar ese tipo de situaciones. Sus guiones están repletos de geniales contrastes que nos hacen ver a través de sus ojos lo chabacano y lo cutre. La gran ironía del vivir, y del morir. Y toda esa genialidad combinada con un afiladísimo sentido del humor. Por supuesto humor negro como el carbón.
Por desgracia, tanto el chico de la moto como Rafael ya no están aquí para verlo, y mucho menos para contarlo.


® Pepe Pereza

domingo, 2 de mayo de 2010

2º ANIVERSARIO DE LA REVISTA DIGITAL GROENLANDIA


¡MUCHÍSIMAS FELICIDADES Y QUE CUMPLA MUCHOS MÁS!
ANA PARICIA MOYA SIGUE ASÍ. MUCHOS BESOS.

http://www.revistagroenlandia.com/

REVISTA AGITADORAS Nº13

(foto de joanna kustra)


LITERATURABibliotecas Llenas de Fantasmas - Rubén Castillo
Ojos que no Ven - L. A. Hernández de Landazábal
Londres es de Cartón y a mí no me Convence - Inés Matute
Llenos de Vida - Pablo Miravet
Giovanni Nadiani - Tito Expósito
La Última Teoría de Einstein - Silvia Gelices

MÚSICA
Malcolm Mclaren - Joaquín Lloréns
Tendencias Agitadoras

MISCELÁNEAUna de Premios
I'm your Man - Lullu
Neil Sloman, Retratos de Artistas - Lalo Borja
Desidia, otra Mala Compañera - Holly
El Diario de Petter Moen - José Ángel Barrueco
Apuntes desde el Filo - Javier Esteban

OPINIÓNLas Mujeres de mi Quinta son las Mejores. Y Punto - Santiago Gamboa
El Poeta de Más Aire - Diego Prado
El Mundo Literario de Pasado Mañana - Il Gatopando
Eructos Volcánicos - Luís Amézaga
Las Verdades del Barquero - Ángela Armero
Romancero Desconfiado - Gilda Manso
Cinco Minutos - Ana Márquez
Dejad que los Niños - David Torres

EL CUARTO OSCURO
La Pequeña Caperucita
Leer está de Moda

http://www.agitadoras.com/

RELATO DE ICO

La sinceridad está infravalorada
Demasiadas horas de clase, mis alumnos me conocen ya como yo a ellos. Sé de qué píe cojean, sé cuando trabajan y cuándo no. Así mismo, ellos saben cuándo estoy de humor y cuándo es mejor apartarse. Este conocimiento mutuo nos da una gran ventaja, podemos reírnos de nosotros mismos, permitirnos ciertas licencias y hablarnos con naturalidad.
Profesora: A ver, Lena, ¿cuántas veces he dicho que en el sujeto no hay complementos directos?
Lena: No sé.
Profesora: más de cien. Siéntate. Marcos te quieres estar callado de una vez.
Marcos: Es Lucas que me está molestando.
Profesora: Lucas, hoy estás torcido, te ha levantado con el pie torcido, ya deberías conocerte y saber que en estos días torcidos deberías sentarte solo, así que, venga.
Lucas: pero yo no le dije nada.
Marcos (disculpándose): no que va, me llamó, me miré hacia atrás y me dijo guapo.
Profesora: Lucas, coge tus cosas, es para hoy, andando.
Pedro: Seño, el “de madera no es el complemento directo”
Profesora: qué he dicho de levantar la mano para preguntar… repito, por enésima vez, en el sujeto no hay complemento directo. Venga otra frase.
Julián:” Zapatero va a ganar las elecciones.”
Risas. Todos saben que soy feminista, atea, proabortista y de izquierdas.
Lucas, finalmente coge sus cosas y se va hacia atrás. No pasan dos segundos cuando interrumpe de nuevo. Manuel está en la pizarra haciendo el análisis sintáctico.
Lucas: seño, me está mirando mal.
Profesora (sin prestarle atención): vamos a ver, cuántas veces he explicado que un verbo copulativo rige un atributo. Mira, te voy a decir una cosa que no olvidarás. ¿Tú sabes lo que es una cópula?
Risas.
Manuel: sí. (jeje)
Profesora: ¿Qué verbos son los copulativos?
Manuel: no sé.
Profesora: el ser, estar y parece: copula el ser, el estar y el parecer…
Un preservativo vuela en el aire y llega hasta los pies de Manuel, que me mira con cara de asombro. Lo recojo.
Profesora: Bien, pues si no usas esto (mostrando el preservativo) te pueden nacer pequeños atributos… así que, este verbo está jodido porque siempre tiene atributos. Anda siéntate, seguro que no se te olvida más.
Lena: profe, ¿“médico” no puede ser complemento directo?
Profesora: ¿Me acabas de escuchar cuándo le he dicho que al verbo copulativo le acompaña siempre un atributo?
Lena: ah, pero no puede…
Profesora: no, no puede ser dos cosas a la vez.
Pedro: profe, no se ponga así.
Mikel que no hace nada, solo dibujos en un cuaderno, que está muy pegado a mi mesa, para poder controlarlo, me mira sonriente a la cara.
Mikel: profe, me gusta sus ojos cuando se enfada.
No le puedo responder porque Lucas se levanta y viene a mi mesa a contarme una batalla…
Lucas. Seño, se lo juro yo estaba tranquilo en mi sitio y me miró mal.
Profesora: te está saliendo barba…
Risas.
Lucas: y ¿qué tiene que ver eso con lo que le estoy contando?
Profesora: y ¿qué tiene que ver la lengua con lo que me estás contando?


Cortado y pegado del blog de Ico “La profesora chiflada”
http://laprofesorachiflada.blogspot.com/

sábado, 1 de mayo de 2010

DEFORME (Relato del libro digital PUTAS)


Eran las cuatro de una tarde de verano y el sol pegaba como un boxeador cabreado. Él caminaba por la calle mirando al suelo, tratando de esquivar las miradas de los viandantes con los que se cruzaba. Su falta de confianza y los múltiples complejos le hacían ser una persona tremendamente introvertida que huía de todo y de todos. Pero ese día había decidido hacer algo que nunca antes se atrevió a hacer. Era su trigésimo quinto cumpleaños y quería celebrarlo en compañía de una mujer. Jamás había tenido relaciones con una mujer, ni afectivas, ni sexuales. Su aspecto deforme era el principal motivo. Ese día necesitaba, por encima de todo, poseer a una. Su única posibilidad era acudir a una prostituta, así que buscó respuesta en los clasificados de un periódico. Tuvo que armarse de toneladas de valor para atreverse a llamar por teléfono y concertar una cita. Finalmente lo hizo.

- Hola, llamo por… lo del anuncio del periódico.
- Te cuento, cariño. Tenemos cinco chicas monísimas que se pondrán a tu disposición para satisfacer todos tus deseos. El servicio mínimo es de cincuenta euros. Si te interesa, la dirección es...
Se rebuscó en los bolsillos del pantalón hasta que encontró el trozo de papel donde había apuntado la dirección. Lo comprobó y siguió caminando hacia allí. Sudaba a mares y no por el calor, sino por los nervios que le agarrotaban el estómago y le entumecían los músculos del diafragma impidiéndole respirar con facilidad. No estaba seguro de que cuando llegase a su destino se atreviera a llamar a la puerta, aún así siguió caminando en dirección al prostíbulo. Al girar a la derecha y acometer la avenida advirtió que a unos treinta metros venía un niño de cinco o seis años agarrado de la mano de su madre. Él siempre tuvo miedo de la sinceridad de los niños y por eso cruzó rápidamente de acera. De reojo percibió cómo el niño le seguía con la mirada y le señalaba con el dedo. La madre avergonzada se apresuró a regañar al niño.

- No hagas eso.
- Pero… mira a ese hombre...
- Te he dicho que no hagas eso.

Él siguió caminando como si no se hubiera enterado de nada, disimulando la vergüenza y clavando la mirada en el suelo. El incidente le hizo replantearse el plan y estuvo a punto de darse la vuelta y regresar a casa, pero la necesidad de conocer íntimamente a una mujer era demasiado fuerte y siguió adelante.
Cuando llegó a la dirección indicada estaba empapado en sudor. En un principio dudó antes de llamar al portero automático, aunque se apresuró a apretar el timbre porque sabía que si se lo pensaba dos veces terminaría por no hacerlo. Le abrieron la puerta sin preguntar. Entró en el portal y se dirigió hacia las escaleras. Las piernas le temblaban hasta el punto de que no le quedó otro remedio que sentarse en los escalones. Por un momento creyó que le iba a dar un ataque al corazón. Trató de calmarse inspirando y expirando el aire fresco del edificio. En cuanto llegase al primer piso y llamase a la puerta ya no habría marcha atrás. Se preguntó si tendría el valor suficiente para llamar a la puerta. No obtuvo respuesta. Se incorporó y siguió subiendo por las escaleras. La puerta a la que debía llamar era la de la letra B. Se quedó parado enfrente. Debajo de la mirilla había un pequeño cartel en el que ponía: “Agencia artística”.

- ¿Agencia artística? ¿Qué coño tenía que ver un prostíbulo con una agencia artística? – Pensó él sin atreverse a llamar.

La puerta se abrió cogiéndole por sorpresa. Una mujer de unos cincuenta años y con exceso de maquillaje salió a recibirle. Al verle dio un pequeño paso hacia atrás e hizo amago de cerrar la puerta, pero luego se lo debió pensar mejor y con un gesto apremiante le indicó que entrase. Una vez dentro la mujer cerró la puerta y echó una última ojeada por la mirilla.

- Es que no quiero problemas con los vecinos – dijo la mujer, disculpándose.

Le guió por un pasillo bastante largo con puertas cerradas a ambos lados. Llegaron a una que estaba al fondo y la mujer la abrió y le invito a entrar.

- Espera dentro, cariño. Ahora pasan las chicas para que elijas.

Él entró en la habitación y la mujer cerró la puerta dejándole a solas consigo mismo. Había una cama en el centro, una mesilla con una lámpara, una bandeja con condones, pañuelos de papel y un frasco de aceite lubricante. También había un armario con un candado. Las persianas estaban medio bajadas y la luz era tenue. Él no sabía si esperar de pie o sentarse en la cama. Al final, optó por sentarse en la cama. Las palmas de las manos le sudaban y por el contrario notaba la garganta seca y estropajosa. Al cabo de un par de minutos entró una mujer de unos treinta y cinco años…


Si quieres seguir leyendo el relato tendrás que entrar en la siguiente dirección:
http://www.scribd.com/doc/25305453/Putas-de-Pepe-Pereza