domingo, 18 de enero de 2015

JESUCRISTO ESTÁ A LAS PUERTAS Y CABALGA UN CABALLO EL´ÉCTRICO - RICARDO MORENO MIRA - EDICIONES LUPERCALIA


BIENAVENTURADOS LOS HIJOS DE PUTA por Ricardo Moreno Mira.

Bienaventurados los cobardes, porque ellos conocerán otro día
Bienaventurados los estúpidos, porque ellos serán felices
Bienaventurados los triunfadores, porque ellos follarán
Bienaventurados los hijos de perra,
porque ellos dominarán a sus hermanos
Bienaventurados los tiranos,
porque de ellos es la tierra y todos sus codiciados frutos
Bienaventurados los artistas, porque ellos podrán vender su alma
y alguien acabará comprándosela
Bienaventurados los ricos, y los hijos de los ricos,
porque ellos serán consolados
Bienaventurados los lobos, porque ellos conocerán la libertad
Bienaventurados las hienas, los buitres, los chacales
Porque ellos heredaran la tierra
Bienaventurados los que se arrastran, los gusanos,
los que ponen el culo, los que colocan crucifijos y follan niños
Los que saben agacharse y arrodillarse
porque ellos medrarán
Bienaventurados los que matan, porque ellos no morirán
Bienaventurados los gilipollas,
porque ellos no se conocerán a sí mismos
Bienaventurados los que suben, los que prosperan,
los que tienen calefacción y agua caliente
Bienaventurados los que tienen dinero,
los que pueden comprar y compran, los que tienen algo que vender y venden
Bienaventurados todos los hijos de puta de este mundo

porque yo soy uno de ellos


Ricardo Moreno Mira, de Jesucristo está a las puertas y cabalga un caballo eléctrico (Lupercalia, 2015).

 http://www.edicioneslupercalia.com/

miércoles, 14 de enero de 2015

KING KONG

En la tele la anunciaron con bastante anterioridad, y todos los chavales estábamos entusiasmados con la idea de visionarla. En el colegio, en la calle, en casa, en todos los sitios, no hablábamos de otra cosa que no fuera de la película King Kong. Me refiero a la original de 1933, la dirigida por Merian C. Cooper & Ernest B. Schoedsack. Claro que en aquellos tiempos -principios de los setenta- tampoco había otras versiones.
-        ¿La verás, no?
-        No me la pienso perder por nada del mundo.
-        He oído decir que la chica sale casi desnuda.
-        Genial.
-        Y que el gorila mide más de cincuenta metros.
-        ¿Tanto?
-        O más. Ten en cuenta que lucha con dinosaurios, así que imagínate…
Un gorila gigante, dinosaurios y una chica medio desnuda. La película tenía todo lo que un chaval de nuestra edad estaba deseando ver. Con ansiedad contábamos los días que quedaban para su emisión, y según se acercaba la fecha más nos íbamos excitando. En los recreos todos jugábamos a ser aventureros con la peligrosa misión de adentrarnos en tierras inhóspitas para capturar al gran mono. Por las noches, antes de dormir, y sabedor de que mi hermana pequeña después no podría conciliar el sueño, le contaba terroríficas historias donde el protagonista era atacado por un inmenso y aterrador gorila.
Así estuvimos hasta que, por fin, llegó el día que estaba programada la película. Esa mañana en el colegio nadie prestó atención a la lección, y cuando doña Nati, la profesora, no estaba atenta, todos comentábamos por lo bajinis temas relacionados con el film.
-        Esta noche a las diez.
-        Sí, por fin…
Por la tarde los nervios fueron en aumento. Estábamos tan excitados que doña Nati tuvo que regañarnos en varias ocasiones. Incluso amenazó con un examen sorpresa si no nos tranquilizábamos. Ni con esas logramos calmar las ansias. En un momento dado, el Moto, empezó a imitar a un gorila. Al Moto siempre se le dieron bien las imitaciones. Y claro, aquello fue un cachondeo. Doña Nati, que no se había enterado de nada por estar cara a la pizarra, volvió a sacar el tema del examen, pero la hora de la salida de clase estaba próxima y todo quedó en agua de borrajas.
De camino a casa vi a mi padre entrando en una taberna. No me gustó verle entrar en aquel antro. Tuve un mal presentimiento, no obstante, aparté los malos pensamientos y seguí andando. En casa esperaba mi madre, rodeada de montones de pantalones a medio hacer. Toda una prisión con muros de tela vaquera. Ella cosía a destajo para una empresa textil y apenas le quedaba un segundo libre. Aun así, conseguía sacar tiempo para nosotros y para atender la casa.
-        Haz tú la merienda, que voy muy retrasada.
Preparé un par de bocadillos y salí al jardín para merendar en compañía de mi hermana.
-        Sabes que King Kong se traga diez negros todos los días para desayunar.
-        No quiero saber nada de ese mono estúpido…
Solo quedaban cuatro horas para la película. Quise alegrarme, sin embargo, no me hacía gracia que mi padre estuviera por ahí bebiendo. El alcohol sacaba lo peor que había en él. Cuando venía borracho se creaba tal tensión que se podía palpar el miedo dentro de la casa. Recé para que esa noche no llegase en tales condiciones.
A las ocho y media en punto mi madre tenía la cena puesta sobre la mesa. Ni rastro de mi padre.
-        ¿Dónde está papá? –quiso saber mi hermana.
Mi madre no dijo nada. Se notaba que estaba preocupada. Aguardamos unos minutos por si aparecía. Viendo que se retrasaba optamos por cenar sin él. Comimos en silencio, mirando a la puerta cada vez que oíamos un ruido que venía de fuera.
Acabamos y recogimos la mesa. Mi padre seguía sin dar señales de vida. Mientras mi madre fregaba la vajilla, yo fui a acostar a mi hermana.
-        Cuéntame un cuento, pero uno en el que no salgan gorilas.
La idea de atemorizar a mi hermanita con historias lúgubres y sangrientas era muy seductora, no obstante me reprimí. No quería que en medio de la película apareciese por el salón alegando que había tenido una pesadilla. Puestos a contar un cuento opté por un clásico: El patito feo.
Cuando mi hermana se quedó dormida regresé al salón. Mi madre había tomado asiento junto a la pila de pantalones y cosía a la vera del flexo. Miré el reloj que había encima de la estantería. Faltaba media hora para que diese comienzo la película. Encendí la tele y me dejé caer en el sofá.
-        Lo mejor es que tú también te vayas a la cama.
-        Pero, mamá, la película está a punto de empezar.
-        Me da igual.
-        Me prometisteis que me dejaríais verla.
Suspiró profundamente y siguió dando puntadas con la aguja. El que calla otorga –me dije. Así que seguí frente al televisor. Tenía el corazón a mil. La sola idea de quedarme sin ver la película hacía que se me revolviera el estómago hasta el punto de sentir nauseas. Aunque había convencido a mi madre, aún no podía cantar victoria. Todo dependía de mi padre. Si llegaba en buenas condiciones, la cosa iría bien. Claro que, siendo la hora que era, no quise hacerme ilusiones. Rogué al cielo para que no apareciese hasta el final de la peli. Era un pensamiento egoísta por mi parte, ya que cada segundo que mi padre se retrasaba era un suplicio para mi madre.
La película empezó a las 22:11 horas. Once minutos de retraso que se me hicieron eternos. No obstante, ahí estaban los primeros fotogramas con el título en grandes letras: KING KONG. La extraña y siniestra banda sonora de los créditos anticipada los desasosiegos que vendrían a continuación. Lo siguiente era un primer plano de un pergamino con unas frases escritas en inglés. Una voz en off las tradujo al castellano: Y dijo el profeta: La bestia contempló el rostro de la bella y su mano no mato. Y desde aquel día, fue como si hubiera muerto. A continuación aparecían las imágenes de un puerto cubierto de una espesa niebla y un vapor que cruzaba la pantalla… Justo en ese momento, oí cómo una llave trataba de atinar en la cerradura de la puerta. Mi padre entró tambaleándose. Llevaba la mirada vidriosa y el gesto torcido. Mal asunto. Fue directamente al cuarto de baño y se encerró dentro. Hasta nuestros oídos llegó el sonido de sus vómitos. Era asqueroso y a la vez aterrador.
-        Vete a la cama antes de que salga.
-        Pero, mamá…
-        Haz lo que te digo.
El miedo y la urgencia que reflejaban sus ojos eran tan reales que no insistí más. Me levanté del sofá y salí del salón. De camino a mi cuarto odié a mi padre. Era un ser despreciable que siempre daba prioridad a sus vicios. Un egoísta que prefería satisfacer su sed de vino a llevarse bien con mujer y sus hijos. Por su culpa me iba a perder la película.
Me metí en la cama refunfuñando. Sabía que todos mis amigos estarían delante del televisor. Yo iba a ser el único panoli del pueblo que no iba a ver el largometraje. Momentos después, oí que mis padres empezaban a discutir. Sus gritos se colaron en el dormitorio a través de las paredes. Una vez más la escena se repetía. Pero por muy habituado que estuviera, aquello no dejaba de ser espantoso. Los gritos dieron paso a los golpes. Escuché las suplicas y lamentos de mi madre. Me revolví entre las sábanas lleno de angustia e impotencia. Me habría gustado ser un adulto para protegerla. De hecho, deseé ser un gorila gigante para aplastar de un manotazo al malnacido de mi padre. Espachurrarlo como a una cucaracha.

sábado, 10 de enero de 2015

EL WENDIGO de VICENTE MUÑOZ ÁLVAREZ - Relato para VINALIA TRIPPERS Nº 13 DUELO AL SOL

Para Algernon Blackwood
& Carlos Castaneda


No debería tomar más peyote, piensa Klaus recordando su última cura con el brujo Genaro hace unos días, mientras apura con manos temblorosas una botella de whisky, no debería tomarlo más, al contrario de lo que el viejo me aseguró, cada experiencia es peor y más delirante, y las bajadas duran semanas... Piensa esto, Klaus, apurando nervioso la botella de whisky, mientras aviva en medio de la llanura las llamas de su fogata, que apenas alcanzan a iluminar unos metros de pradera en la noche... Más allá, todo inmensidad y negrura... y alaridos de coyotes y chotacabras... o de espíritus vengativos... Maldito el día en que nos encontramos a aquel indio, masculla entre dientes, todo desde entonces ha ido de mal en peor... Y acto seguido recuerda por enésima vez la historia: aquel piel roja enloquecido que se encontraron en las montañas, mientras bateaban un río de aguas heladas, sangrando por los ojos y con los pies llenos de quemaduras, aullando la palabra Wendigo... Se abalanzó sobre ellos como una bestia herida, seguramente pidiendo auxilio nomás, pero Warren perdió los estribos al verle desencajado y vociferando de aquella manera y le incrustó una bala entre las cejas... Y después las desapariciones: el propio Warren, primero, y luego Jack y Peter, silenciosamente y sin dejar rastro, en plena noche y mientras dormían, hasta quedarse él solo en las montañas... Y a continuación, ya de vuelta a casa, tras salir no sabe cómo del bosque y alcanzar las praderas, la paranoia y el miedo: esa sensación continua de sentirse observado y los silbidos ominosos del viento... Y el peyote de Genaro como remedio contra el terror después, que en el fondo, cree, le está volviendo más loco todavía... Todo esto piensa Klaus junto a su fogata esta noche, de regreso de la cabaña del brujo al otro lado de la frontera, mientras aviva atemorizado las llamas y apura compulsivamente la botella de whisky... Las curas de peyote que el brujo le recomendó no están surtiendo el efecto esperado, más bien al contrario, por más que le insista Genaro, están potenciando sus fobias... Sobre todo las últimas veces (y van ya cerca de diez), especialmente traumáticas, con aquellas visiones de un ser mitad hombre mitad coyote devorando su corazón... Que eso le hará enfrentarse a sus fantasmas, le asegura Genaro, que pronto los conjurará, que sea paciente y perseverante, dice, pero Klaus siente cómo con cada nuevo viaje pierde más la cabeza y se acentúan sus miedos, como en este mismo instante, de regreso de la cabaña del brujo a su casa, percibiendo cada vez más cercana la presencia de ese maligno ser... No debería tomar más peyote, piensa junto a la hoguera, mandaré al carajo al viejo, no creo ya en sus monsergas...Eso se dice Klaus tembloroso, mientras apura la botella de whisky a la luz tenue de las llamas, cuando una ráfaga de viento helado apaga de súbito la fogata sumiéndole en la oscuridad... El terror y la histeria se apoderan entonces de él... Y arranca, como alma que lleva el diablo, a correr sin rumbo en la noche...

Vicente Muñoz Álvarez, de Vinalia Trippers: Duelo al sol(Producciones Vinalia Trippers, 2014).

Ilustración by Toño Benavides.


jueves, 1 de enero de 2015

MI RELATO EN VINALIA TRIPPERS Nº 13

DUELO AL SOL
Cualquiera que pasase por allí y los viese pensaría que eran dos estatuas. Los pistoleros estaban enfrentados en medio de las dunas. Inmóviles. Atentos a cualquier gesto del rival para obrar en consecuencia. Ninguno se atrevía a dar el primer paso. Ambos preferían que fuese el otro quien tomase la iniciativa. El sol, tatuado en el cielo, descargaba su furia contra los elementos. Si la escena la hubiese dirigido Sergio Leone empezaría con un plano general del paisaje. Luego pasaría a un primer plano del careto de los personajes. Seguramente iniciaría un zoom hacia sus ojos y seguiría hasta que estos ocupasen toda la pantalla. Veríamos planos detalle del sudor corriendo por sus sienes, manos tensas cerca de los revólveres, botas con espuelas clavadas en la arena del desierto. En un momento dado entraría la música de Ennio Morricone enfatizando la escena y, poco a poco, el ritmo aumentaría hasta llegar al clímax final. Claro que aquello no era una película. Aquello era real. Tan real como el sol asesino que les quemaba la piel. Tampoco había banda sonora. Como mucho el zumbido de algún insecto o el crujir de la arena bajo las suelas de las botas. El polvo que arrastraba el aire caliente se adhería a las caras sudorosas de los pistoleros haciendo de los semblantes parte del entorno. Los hombres se vigilaban con el ceño fruncido. Conscientes de que en los próximos minutos alguien moriría. Uno de ellos quiso de tragar saliva, pero tenía la boca tan seca que su lengua se quedó pegada al paladar. El otro cuestionaba la existencia del infierno. Si lo había, en el caso de palmar, iría allí de cabeza. No le cabía ninguna duda. Arrastraba una montaña de pecados por los que debía apoquinar. El tipo de enfrente no se quedaba atrás. Puestos a comparar, los dos eran igualmente despreciables. Uno llevaba tantas muescas en el revólver como el otro. El que saliera vivo de la contienda podría añadir una más en la empuñadura y romper el desempate. El de la lengua pegada al paladar consiguió acumular un poco de saliva. Tragó, pero no fue suficiente. Sopesaba la posibilidad de recibir un balazo. De recibirlo ¿Dónde impactaría? ¿En qué parte de su cuerpo? ¿Sería un disparo mortal o le dejaría malherido a la espera del tiro de gracia? Además, por qué iba a ser él el que palmase. Él era rápido desenfundando y nunca fallaba un disparo. Tenía muchas posibilidades de sobrevivir. Claro que el otro era capaz de hacerte un agujero entre ceja y ceja en menos de lo que dura un pestañeo. El caso es que ninguno bajaba la guardia. Tanto el uno como el otro estaban preparados para hacer uso de su arma al menor movimiento del contrario. El tiempo pasaba y allí seguían. Estatuas de sal en medio del desierto. Aguantando el sol sobre los hombros e intentando aparentar arrojo cuando verdaderamente el miedo a perder la vida les encogía el estómago. Una mata seca pasó rodando impulsada por una ráfaga de viento ardiente como el aliento de un jalapeño. Los caballos aguardaban juntos a que sus dueños acabasen la disputa. La rivalidad de los hombres no afectaba para que las monturas hubieran congeniado. Estaban sueltos, sin atar. No había sitio donde hacerlo. Allí solo había dunas, serpientes y alacranes. Las riendas colgaban de sus cuellos a su libre albedrío. En el cielo los buitres planeaban en círculos sobre sus cabezas. Volaban tan alto que parecía que estuviesen en otro planeta. Entonces, se escuchó una detonación. Y un cuerpo se desplomó en la arena.

Su primer pensamiento fue que la pistola no debería estar cargada. Miró a su hermano. Alfonso yacía en el suelo sin vida. La bala había entrado por uno de los orificios nasales atravesándole el cerebro. En ese mismo instante el desierto se desvaneció y la realidad cayó sobre Juan Carlos de Borbón como una avalancha de lodo y rocas.

pepe pereza

lunes, 29 de diciembre de 2014

miércoles, 24 de diciembre de 2014

EL AMOR ES UN REVOLVER CARGADO POR EL DIABLO - JOSÉ G. CORDONIÉ - EDICIONES LUPERCALIA

EL AMOR ES UN REVOLVER CARGADO POR EL DIABLO - José G. Cordonié
YA  EN PRE-VENTA!!

Imagina que entras en tu casa y te encuentras a tu mujer follando con un payaso. Aunque pienses que se trata de un hecho imprevisto, de algo que no esperas que pueda llegar a ocurrir nunca, en el fondo sabes que existe la probabilidad de que pueda llegar a pasar, como cualquier otra cosa en la vida. Así que imagínate por un momento esa escena, aunque nunca antes se te haya pasado por la cabeza. Digamos que se trata de una probabilidad entre millones de sucesos aleatorios que pueden sobrevenir, pero que de repente sucede, porque el azar, en ocasiones, se presenta de esta manera; de la forma más imprevista que uno ni siquiera es capaz de sospechar (El amor es un revolver cargado por el diablo, José G. Cordonié)