viernes, 4 de abril de 2014

CHARLES BUKOWSKI - TAPES


ESQUINAS + ILUSTRACIONES


“Una verdadera joya, este segundo libro de relatos de Pepe Pereza, que aborda desde diversos prismas el universo femenino y el mundo de la prostitución. Relatos incisivos y conmovedores, salvajes y tiernos, profundos e inteligentes y llenos de matices, de la mano de uno de los mejores prosistas subterráneos de la actualidad. Para chuparse los dedos.” Vicente Muñoz Álvarez

Título: Equinas
Autor: pepe pereza
Género: Relatos cortos
Editorial: Ediciones Lupercalia
ISBN: 978-84-939395-5-7
Portada: Henry González

Ilustrado por:
Julia D Velázquez, Pedro Espinosa, José Mª Lema, Pablo Gallo, Marina Hernáez, Luis F Sanz, Toño Benavides, Enrique Cabezón, Valle Camacho, Gsús Bonilla, Andrés Casciani, Bruno G Valencia, Óscar M. Salomón, Raúl Barbolla (LeRaúl), Velpister, Mónica Carretero, Lady Marrana, Antonio Lorente, El niño de las pinturas, Mik Baro, Omar Figueroa (Turcios).



Ilustración de BRUNO G VALENCIA

Ilustración de ÓSCAR MONTERO SALOMÓN


Ilustración de VELPISTER

miércoles, 2 de abril de 2014

DOCUMENTAL: PERDIDOS. UN LUGAR PARA ENCONTRAR




 // DOCUMENTAL
A lo largo del siglo XX, distintos grupos de literatos estadounidenses se sintieron perdidos por crear una suerte de literatura muy alejada de los corsés academicistas. Dos ejemplos que lo ilustran son los de la Generación Perdida y la Generación Beat quienes expresaron su inconformismo a través de obras muy alejadas de los cánones sociales y políticos de su época.
Hoy, en España, acontece algo similar. Un nutrido grupo de escritores hacen de sus obras una forma de revolución silenciosa pero imparable, invisible en los márgenes de la cultura comercial de libros de rápido consumo. Perdidos en su amor por la letra impresa y en las notas a pie de página de la torpe Historia de la Literatura Contemporánea.

La Literatura ha sido históricamente, no sólo alimento de lectores, pensadores y mentes inquietas sino, también, propulsora de no pocos cambios sociales. No hace mucho que la tarea de escribir era alabada, no sólo por los amantes de la lectura, sino también por la totalidad de la sociedad. Un escritor era un artista, un creador de emociones, quimeras y, también, pensamientos que lograban hacer al hombre más libre.
En "Perdidos. Un lugar para encontrar.", el espectador emprenderá un emotivo viaje de superación a través del corazón de distintas personas, que con sus virtudes y defectos, luchan en sus vidas rutinarias por lograr sus metas. Un periplo que bien podría ser la hoja de ruta de una moderna Odisea hacia el futuro de la Literatura.

 // El documental mostrará:
·        Las conexiones entre autores de distinto poso editorial, desde un punto de vista cotidiano que nos enfrente a su día a día.
·        Una visión global del sector editorial, extrapolada a aquellos autores con talentos creativos, y afán de superación, servirían de apoyo a la regeneración cultural del país.
·        La relación de los Escritores Perdidos con los de la Generación Perdida estadounidense, los Beats, y entre ellos mismos.
·        A lo largo del documental, los autores perdidos expondrán una visión de las diferencias entre la literatura de consumo y la denominada underground, y del panorama cultural español.

 // ESCRITORES PERDIDOS.
A lo largo de nuestra crónica documental contaremos con el testimonio de distintos Autores Perdidos como José Ángel Barrueco, Salva Rubio, Vicente Muñoz Álvarez, Alfonso Xen Rabanal, David González, Pepe Pereza, Adriana Bañares, Javier Vayá, Pablo Cerezal, Maica Bermejo, Jose G. Cordonie, Álex Portero y otros muchos.
Las intervenciones de cada uno de ellos, se realizarán logrando de manera emotiva y sincera, sumergirnos en sus incomparables identidades literarias y personales.






LA 4ª - MARIO CRESPO - EDICIONES LUPERCALIA

La 4ª - Mario Crespo

EN PRE-VENTA

¿Cómo se gesta un mito? ¿De qué manera una sucesión de hechos puede llegar a trascender en el imaginario de toda una sociedad en forma de relato legendario? En La 4ª, asistiremos al complejo proceso de la gestación de un profeta y su religión; Carlos Barbosa, un joven introvertido de provincias. Seguiremos los pasos de Carlos en un fascinante relato coral que nos descubrirá el peligroso mundo de los cárteles de la droga en Madrid, el proceso de creación de una iglesia experimental que pretende cambiar el rumbo de la humanidad y, finalmente, una sociedad distópica situada en 2046 que se encuentra al borde del colapso. Mario Crespo, con un estilo sobrio y sugerente, y con un dominio extraordinario de los tempos de la prosa, nos ofrece una obra de gran calado antropológico para la reflexión en estos tiempos de crisis espiritual y moral (Victor Balcells Matas)

14 x 21 cm.
Nº de páginas: 226
GÉNERO: Narrativa
Editorial: LUPERCALIA EDITORIAL
Lengua: ESPAÑOL
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9788494163968
Año edición: 2014
Plaza de edición: LA ROMANA


DOLORES DE POESÍA EN LOS BARES 2014 - LEÓN

Por quinto año consecutivo, convocados por Felipe Zapico Alonso para compartir la palabra, la amistad y lo que surja, un grupo de poetas y amigos se citan en León en los Dolores de Poesía en los Bares, que como siempre acontecen en Viernes de Dolores previos a la Semana Santa.
Este año la cita tiene fecha de 11 de abril, y con motivo del primer lustro de vida se ha editado un cuadernillo antológico gracias a Vinalia Trippers, que se presentará y distribuirá ese día.

La ronda poética por los bares de la capital leonesa tendrá el siguiente recorrido:
Bar Benito, 21,30 horas
Bardalla, 22, 15 horas
Bar Belmondo, 23 horas
El Gran Café, 23,45 horas

Participatentes:
Luis Miguel Rabanal
Gsús Bonilla
Abel Aparicio
Arantxa Oteo
Aldo Sanz
Eloísa Otero
Xen Rabanal
Silvia D Chica
Antonio Manuel Fernández Morala
Víctor M. Díez
Vicente Muñoz Álvarez
Silvia Abad Montoliú
Ildefonso Rodríguez
Julia Conejo
Jorge Carbalho Branco
Felipe Zapico Alonso

El cartel anunciador y la cubierta de la publicación son obra de Julia D Velazquez, al igual que los carteles de las cuatro convocatorias anteriores.


PRÓXIMAMENTE EN EDICIONES LUPERCALIA

PRESENTACIONES




domingo, 30 de marzo de 2014

LA NEGRA - ESQUINAS (Ediciones Lupercalia)

Ilustración de PEDRO ESPINOSA

LA NEGRA
Se preparó para salir, pero antes se acercó hasta el dormitorio donde convalecía su anciano marido. El pobre hombre llevaba varias semanas enfermo.

-        Voy a salir. Enseguida vuelvo.

En la calle hacía frío. Se abrochó el abrigo. Al hacerlo notó que uno de los botones estaba medio suelto y que el hilo que lo unía al tejido estaba deshilachado. Quiso comprobar su consistencia y se quedó con él en la mano.

-        ¡Porras!

Tiró de los hilos que habían quedado expuestos y los fue quitando uno a uno para que no quedase huella. Pensó en cómo iba a coserlo de nuevo. Enhebrar una aguja era tarea imposible, aunque se pusiese las gafas. Tampoco podía pedir ayuda a ningún vecino. En el edificio ya no quedaban. Se habían ido muriendo poco a poco, o habían sido trasladados a asilos y hospitales. Los nuevos ni siquiera se dignaban a devolverle el saludo cuando coincidían en el ascensor. De haber tenido a alguien de confianza le habría encargado que vigilase a su marido mientras ella estaba fuera de casa. Estamos solos, se dijo con resignación. Las bombillas de las farolas se fueron encendiendo. La luz iluminó unos pocos copos de nieve que, más que caer, flotaban a media altura mecidos por el viento. El frío se colaba por el hueco sin abotonar. Tuvo que agarrar la zona y taponarla con la mano. Con su marido enfermo no se podía permitir resfriarse. Observó la algarabía de gentío y tráfico. La ciudad crecía y se modernizaba a pasos agigantados, mientras que ella cada día que pasaba se sentía más vieja e insignificante. No reconocía los comercios, la mayoría eran tiendas nuevas. Todo era tan distinto. Todo estaba diseñado para la gente joven. Los cajeros, los electrodomésticos, los mandos del televisor… todo funcionaba apretando un interruptor, pero de todos ellos ¿cuál era el indicado? Ella nunca lo sabía y se sentía inútil y tonta. No, ya no había sitio en el mundo para ellos. Su marido pronto moriría, cosas de la edad, y ella se quedaría más sola que nunca, sin otra cosa que hacer que esperar su hora. Era triste llegar a esas edades. Se adentró en el casco antiguo. Vio a los hombres en las tabernas brindando por el fin de la jornada. Siguió calle abajo sorteando grupos de estudiantes que reían y hablaban subidos de tono. Por fin llegó a su destino e hizo amago  de entrar en el local. El portero, un tipo corpulento y con el pelo a cepillo, le dio el alto.

-        ¿Dónde va usted?
-        Dentro.
-        ¿Sabe dónde está entrando?
-        Claro.
-        ¿Está usted segura?
-        Sí señor, esto es un prostíbulo.
-        Perdone mi indiscreción… ¿Le puedo preguntar por qué quiere entrar en un sitio como éste?
-        Para qué va a ser. Para contratar los servicios de una prostituta.

El portero la miró extrañado. No comprendía que una anciana necesitase las atenciones de una puta. De todas formas él había visto cosas mucho más raras en aquel lugar. Le abrió la puerta y se dispuso para dejarla pasar. Antes la anciana preguntó:

-        ¿Aquí tienen negras?
-        Tenemos una.
-        ¿Es guapa?
-        Sí.
-        ¿Cómo se llama ella?
-        Yamila.

La anciana entró en el prostíbulo y avanzó hacia el bar. Apenas había clientes y la mayoría de las putas estaban sentadas alrededor de la barra. Cuando la anciana irrumpió todas las miradas se posaron en ella. No era corriente ver a una octogenaria visitando el lugar. Ella escrutó el garito buscando a Yamila. Al no encontrarla decidió preguntar al camarero.

-        Joven, ¿sabe usted dónde está Yamila?
-        En estos momentos está ocupada. Si quiere algo con ella tendrá que esperar.
-        Bien, esperaré.
-        ¿Quiere tomar algo mientras tanto?
-        ¿Es obligatorio?
-        No.
-        Entonces no.

La anciana esperó. Era la primera vez que pisaba un prostíbulo. Observó el lupanar con curiosidad. Todo tenía un aspecto deprimente y oscuro. Se dio cuenta de que las putas la miraban de reojo. No le importó, era consciente de que estaba fuera de lugar y que allí no pegaba ni con cola.
Al cuarto de hora Yamila bajó por las escaleras acompañada de un cliente satisfecho. Se le veía en la estúpida sonrisa que colgaba de su cara. La anciana esperó a que se despidiera del tipo y luego la abordó.

-        ¿Podría hablar un momento con usted?
-        Usted dirá.
-        Quería saber cuánto me costaría contratar sus servicios.

Yamila miró a su alrededor buscando las caras de sus compañeras, creyendo que éstas le estaban gastando una broma.

-        ¿Habla en serio?
-        Totalmente.

Yamila sopesó la oferta intentando decidir si la rechazaba o no. Finalmente resolvió que si alguien solicitaba sus servicios, como profesional que era estaba obligada a ofrecérselos.

-        Por media hora cobro sesenta euros, por una hora cien. Y le advierto que yo no hago cosas raras.
-        No se preocupe, lo único que tiene que hacer es desnudarse delante de mi marido.
-        ¿Su marido?
-        Sí, el pobre está enfermo en la cama. Hoy es su cumpleaños. Cumple noventa y dos años.
-        ¿Y solo tengo que desnudarme?
-        Como comprenderá el pobre hombre ya no tiene ánimo para más.
-        Está bien. Acepto.

Yamila recogió su abrigo y se pusieron en camino. Al salir por la puerta del local el portero se dirigió a ellas con recochineo.

-        Adiós chicas.  Cuidado con lo que hacéis.

En respuesta Yamila le enseñó el dedo corazón. La temperatura estaba bajando y al poco se puso a nevar. No había taxis por la zona. Decidieron hacer el camino a pie.

-        Hija, ¿me permite cogerla del brazo?
-        Claro.

Yamila se sintió conmovida cuando la anciana se agarró a ella. Por un momento se acordó de su abuela materna. Un alud de emociones estuvo a punto de humedecerle los ojos. Decidió iniciar una conversación para alejarse de todas las nostalgias.

-        Debe querer mucho a su marido para hacer esto por él.
-        El pobre, siempre ha tenido obsesión por ver a una negra desnuda, pero nunca ha podido cumplir su sueño.
-        Con los hombres nunca se sabe.
-        No digo que no haya visto alguna en las películas, pero al natural estoy segura que no.
-        Insisto en que con los hombres nunca se sabe. Hágame caso, de esto sé un rato.
-        Mi marido, en todo lo que llevamos de casados, siempre me ha sido fiel. Lo sé porque es un hombre sin un ápice de malicia. Toda su vida ha estado pendiente de mí. A su lado nunca me ha faltado de nada, me lo ha dado todo. Ahora me toca a mí. El pobrecito se muere y antes de que Dios se lo lleve a su lado quiero que su sueño se haga realidad.

Los copos de nieve eran del tamaño de pelotas de ping-pong y el viento los impulsaba contra sus caras. Cuando llegaron la ventisca estaba en pleno apogeo. Al entrar en la casa la anciana se llevó el índice a sus labios, indicándole a Yamila que guardase silencio. Las mujeres se dirigieron directamente al dormitorio. La anciana le hizo un gesto para que esperase en el pasillo. Después ella cruzó la puerta del dormitorio.

-        ¡Feliz cumpleaños, mi amor!

El anciano trató de incorporarse pero solo tuvo fuerzas para un amago de sonrisa. Ella se acercó a la cama y le acarició la cara.

-        Ya pensabas que me había olvidado ¿eh...? Tengo una sorpresa para ti.

Él la miró con curiosidad.

-        Ya puedes entrar.

Yamila entró en el dormitorio en plan seductor.

-        Cariño, te presento a Yamila.

De repente la pesada máscara de la enfermedad desapareció de la cara del anciano y un brillo vital se reflejó en sus pupilas.

-        Yamila tiene algo para ti, así que os dejo solos.

Yamila avanzó hasta los pies de la cama y empezó a desabrocharse la camisa. Mientras tanto la anciana se dirigió al salón. Se quitó el abrigo, dejó el botón sobre la mesa y sacó la caja de la costura. Sabía de antemano que era una batalla perdida, aun así se puso las gafas y trató de enhebrar una aguja. Llevaba más de un cuarto de hora pretendiendo acertar con el hilo cuando Yamila entró en el salón.

-        ¿Ya?
-        Sí.

La anciana sonrió satisfecha mientras siguió intentando pasar el hilo a través del ojal.

-        Déjeme a mí.
-        Te lo agradezco hija, porque soy incapaz.
-        Su marido quiere verla.

El enfermo sonreía de oreja a oreja cuando entró su esposa.

-        ¿Estás contento?

El anciano asintió sin dejar de sonreír.

-        Me alegro.

Se inclinó sobre él y le beso en los labios.
Cuando regresó encontró a Yamila terminando de coser el botón.

-        No tenías que haberte molestado.
-        No es ninguna molestia, además ya está.

Efectivamente el botón estaba firmemente zurcido al abrigo.

-        Eres muy amable.
-        No ha sido nada.
-        Lo digo por todo lo que has hecho. Te lo agradezco con el corazón. Por cierto, tengo que pagarte. Dime cuánto te debo.

La anciana echó mano del monedero y sacó unos billetes.

-        ¿Sabe qué...? No voy a cobrarle.
-        Hija, cómo dices eso. Es tu trabajo…
-        No, esto no ha sido trabajo, se lo aseguro. Esto ha sido algo muy bonito y agradable de hacer. Por eso no puedo aceptar su dinero.

El gesto conmovió a la anciana.

-        Muchísimas gracias, hija. Hacía mucho tiempo que nadie se portaba tan bien con nosotros.
-        Gracias a usted por darme la oportunidad de hacer algo tan… decente.

Las dos mujeres se abrazaron y permanecieron así durante unos segundos.

-        ¿Sabe?... Usted me recuerda a mi abuela. Por eso quisiera pedirle algo.
-        Claro.
-        Me gustaría darle un beso.
-        A los viejos no nos gusta que nos besen. Estamos llenos de gérmenes y enfermedades.
-        Aun así, lo voy a hacer.

Se besaron. A continuación se despidieron, conscientes en todo momento de que su adiós era definitivo.

® pepe pereza

viernes, 28 de marzo de 2014

DEFORME - ESQUINAS (Ediciones Lupercalia)

Ilustración de PEDRO ESPINOSA

DEFORME
Son las cuatro de la tarde. En el cielo un sol despiadado, capaz de derretir la brea de la carretera. Él camina por la calle con la cabeza baja. La falta de confianza y sus múltiples complejos le hacen ser una persona tremendamente introvertida que huye de todo y de todos. Su aspecto deforme es el principal motivo de sus problemas. Ese día decide hacer algo que nunca antes se ha atrevido a hacer. Cumple treinta y cinco años y desea celebrarlo en compañía de una mujer. Su única posibilidad es acudir a una puta. Por eso va de camino a un prostíbulo. Suda a mares y no solo por el calor. Los nervios se le agarrotan en el estómago y le entumecen los músculos del diafragma impidiéndole respirar con facilidad. No está seguro de que cuando llegue se atreva a entrar. Al girar a la derecha y acometer la avenida advierte que se acerca una madre acompañada de su hijo pequeño. Él siempre ha tenido miedo de la sinceridad de los niños. Cruza rápidamente de acera. De reojo ve cómo la criatura le señala con el dedo. Sigue andando, disimulando la vergüenza y arrastrando la mirada por el suelo. El incidente le resta parte de su escasa confianza. A punto está de darse la vuelta y regresar a casa. Pero la necesidad de conocer íntimamente a una mujer no solo es algo fisiológico, también es un asunto de orgullo y superación. Por eso sigue adelante.
Cuando llega a la dirección indicada está empapado en sudor. Se apresura a llamar al portero automático. Sabe que si se lo piensa dos veces acabará por no hacerlo. Abren la puerta sin preguntar. Entra en el portal. Las piernas le tiemblan. Por un momento cree que va a sufrir un ataque de ansiedad. Quiere calmarse respirando el aire fresco del edificio. En cuanto llegue al primer piso ya no habrá marcha atrás. Se pregunta si tendrá valor para continuar. Sigue subiendo las escaleras. La puerta a la que debe llamar es la B. Se queda parado enfrente leyendo un pequeño cartel: “Agencia artística” ¿Qué coño tiene que ver una agencia artística con un burdel? Entonces la puerta se abre cogiéndole por sorpresa. Una mujer de unos cincuenta años con exceso de maquillaje sale a recibirle. Al verle reacciona con rechazo. Da un paso atrás y hace amago de dejarle fuera, luego se lo piensa y con gesto apremiante le indica que entre.

-        Es que no quiero problemas con los vecinos.

Le guía por un largo pasillo con puertas cerradas a ambos lados. Llegan a la del fondo. La madame le invita a entrar.

-        Espera aquí, cariño. Ahora pasan las chicas para que elijas.

Hay una cama en el centro, a su lado una mesilla con una bandeja llena de condones, pañuelos de papel y un frasco de lubricante. Las persianas están medio bajadas y la luz es tenue. No sabe si debe esperar de pie o sentarse en la cama. Opta por lo segundo. Las manos le sudan y nota la garganta seca y estropajosa. Pasados unos minutos entra una mujer. Va vestida con ropa interior negra de encaje. Está algo rellenita. Al verle no puede evitar un gesto de desagrado que trata de disimular.

-        Hola, me llamo Tamara.

Después de la presentación sale. De seguido entra otra chica. Es más joven y mucho más delgada que la anterior. Lleva ligueros y zapatos de tacón. Su rostro es duro y anguloso. No se inmuta al verle. Seguramente su compañera le ha avisado de lo que se iba a encontrar.

-        Me llamo Sammy.

Sale y entra una negra. Es alta, llena de curvas y con unas caderas y pechos impresionantes. Al igual que las otras viste lencería de encaje.

-        Soy Yamila. Encantada de conocerte.

Se acerca hasta él y le besa en la mejilla. Es el primer beso que recibe de una mujer y reacciona agarrotándose. Su falta de experiencia queda en evidencia. Yamila le tranquiliza con unas palabras de ánimo.

-        Suave mi amor, que aquí no nos comemos a nadie.

La cuarta es una joven venezolana. También va con unas braguitas negras de encaje y un minúsculo sujetador. Su cara es tierna y hermosa. La joven se queda junto a la puerta, sin atreverse a entrar. Parece nerviosa y en todo momento evita mirarle a la cara.

-        Mi nombre es Silvia.

Dice con un hilillo de voz apenas audible. Seguidamente se retira para dar paso a la madame.

-        ¿A cuál eliges?
-        A Silvia.

Se sorprende por tenerlo tan claro.

-        Te explico: un cuarto de hora son cincuenta euros; media hora, sesenta; una hora, cien. Luego, si quieres griego o cualquier otra cosa, tienes que pagar un extra.
-        Creo que… con media hora será suficiente.

Saca la cartera y paga.

-        Que disfrutes.

La madame sale guardándose el dinero en el escote. A pesar de que en la habitación se está fresquito él sigue sudando a chorros. Tiene la garganta tan seca que se arrepiente de no haber pedido un vaso de agua. Ya no hay marcha atrás. Por fin va a saber lo que es el calor de una mujer. Aguarda sentado en el borde de la cama. Unos susurros le llegan del pasillo. Aguza el oído. Reconoce las voces de Silvia y la madame.

-        ¿Usted le ha visto la cara?
-        ¿Y qué? En este trabajo no discriminamos a nadie.
-        Yo no pienso acostarme con ese monstruo.
-        Claro que lo vas a hacer.
-        No, no puedo… con ese no.
-        En la cama todos son iguales.

Escucharlas es como recibir aceite hirviendo en los tímpanos.

-        ¡Por favor, señora! No me obligue a hacerlo.
-        Mira, Silvia. No quiero problemas, así que entra ahí y haz tu trabajo.
-        Ni siquiera he podido mirarle a la cara.
-        Baja la voz que nos va a oír, desgraciada…

Las mujeres se apartan para seguir la discusión sin el temor a ser oídas. Él aprovecha para escabullirse por el pasillo. No tiene sentido quedarse ahí y sufrir más humillaciones. La madame y Silvia se han trasladado a la cocina, al pasar puede verlas a través de la ranura de la puerta. Continúa hasta llegar a la salida y escapa por las escaleras. En la calle recibe una bofetada de calor. Camina tratando de asimilar las palabras de Silvia. Ha dejado de sudar y una especie de frío resentimiento recorre sus venas. Anda por las calles, ajeno a lo que le rodea. Llega a un parque y busca un sitio apartado y con sombra donde sentarse. Lo encuentra junto a un sauce que está al lado de una fuentecilla. Aprovecha para beber y recuperar la humedad en la garganta. De pronto se siente mejor. Sin duda el agua fresca y la sombra ayudan. Pero hay algo más. Se trata de un agradable sentimiento que brota de su interior. Que le emana directamente del alma. Se da cuenta que al recordar las palabras de Silvia ya no le duelen. Tal vez con su rechazo ha asimilado que es feo y deforme y, una vez asumido, ya no le parece tan terrible. Reflexiona. No, no es eso. Desde hace mucho sabe que es un monstruo. Todo el mundo se encarga de recordárselo. Entonces ¿de dónde surge ese sentimiento purificador que le sirve de bálsamo contra la vergüenza y el dolor? Quizás creyó que no iba a soportar el rechazo de una mujer y al pasar por ello y verse intacto le ha liberado del trauma. Sí, quizá sea eso. Ha soportado el rechazo de una mujer y sigue de una pieza. Un niño de unos ocho años se acerca haciendo volar un avión de juguete. Él lo observa desde su asiento sin sentir ningún temor, cosa que le sorprende. Cuando el niño se da cuenta de su presencia se queda paralizado. Le mira con los ojos muy abiertos y una mueca en la boca entre asco y miedo. Él le mantiene la mirada, sonriéndole. Finalmente, en un gesto de camaradería, le guiña un ojo. El niño echa a correr asustado. Él suelta una carcajada. La primera en mucho tiempo. También eso le sorprende. Indudablemente es un día lleno de sorpresas. El adecuado para su trigésimo quinto cumpleaños. Se recuesta en el banco. Observa la luz del sol filtrada a través de las hojas de los árboles, escucha el canto de los pájaros y el murmullo del agua. Se siente vivo y a salvo. Tiene la certeza de que un cambio se ha producido en él. Uno que mejora las cosas y que deja al descubierto un resquicio de esperanza. Se pone en pie y anda con la cabeza erguida. Dispuesto a mirar directamente a los ojos de aquellos que se crucen en su camino.

® pepe pereza