Acababa de
salir de la clínica donde le habían hecho una ecografía. Caminaba por la calle
mirando boquiabierta la foto que le habían dado. En ella se podía distinguir a
un pequeño feto de perfil, perfectamente normal de no ser por unas pequeñas
alas que sobresalían de su espalda. El ginecólogo le había dicho que todo era
normal, que esos dos pequeños apéndices de la espalda posiblemente eran manchas
desenfocadas del negativo, provocadas por los movimientos del feto. Pero ella
veía claramente que no eran manchas. Eran alas, como las de los gorriones
recién salidos del huevo. Cuanto más se fijaba en la foto más convencida
estaba. Su futuro bebé era un querubín en proceso de transformación. No se
sentía preocupada por la anomalía de su pequeño, más bien todo lo contrario.
Intuía que su hijo iba a ser alguien muy especial, un ser maravilloso que
traería cosas buenas a este mundo. Se llevó las manos a la tripa y se la
acarició. Entonces sintió un leve cosquilleo en sus entrañas, algo parecido al roce
de un puñado de plumas. No le quedó duda. En su interior llevaba un ángel.
CABALLO DE CARTÓN por ANTONIO JAVIER FUENTES SORIA
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Te vistes y te vas
cuando la ciudad aún duerme
y el frío amenaza en la ventana.
Ruge el motor de un coche a lo lejos
y suena,
en este amasijo de acero y ...
Hace 3 horas



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