
miércoles 11 de noviembre de 2009
martes 10 de noviembre de 2009
EL BARRENDERO
ESCENA 1 / EXTERIOR-CALLE / NOCHE.
Es una preciosa noche de Mayo, con una inmensa luna llena colgada en el cielo. Un barrendero del ayuntamiento barre mientras silba un bolero improvisado. Es un hombre de unos sesenta años, con cara de buena persona. A golpe de escoba va haciendo un montón con los desperdicios. Cuando está a punto de recogerlo con su pala, un coche pasa a gran velocidad provocando un remolino de aire que le desparrama el montón por la acera.
BARRENDERO
Aguanta viejo, que este verano nos vamos de vacaciones a Cuba.
Vuelve a barrerlo todo y luego lo recoge con la pala y lo echa en su carro. Sigue calle arriba hasta que llega a un contenedor de basura donde vacía el contenido de su carro. Un hombre en albornoz sale de un portal cercano cargando con dos bolsas de basura. El hombre está borracho y camina haciendo eses. Llega al contenedor y arroja las bolsas dentro. A juzgar por el sonido, las bolsas están llenas de botellas vacías.
BARRENDERO
Este no es el contenedor de vidrio.
BORRACHO
¡Que te jodan!
El borracho le ignora y entra en su portal. El barrendero recoge las bolsas y las lleva hasta el contenedor de vidrio, que está unos metros más adelante. Cuando llega abre una de las bolsas y comienza a echar las botellas en el interior. Al fondo, una mujer joven sale de su portal cargando con varias bolsas más. La mujer está embarazada de unos seis meses. Se acerca al contenedor de vidrios y echa algunas botellas dentro. El barrendero sigue vaciando la interminable bolsa del borracho.
BARRENDERO
Buenas noches.
MUJER
Buenas noches.
Los dos siguen echando envases en el contenedor.
BARRENDERO
Qué ganas tenía de que llegase el buen tiempo… En mi trabajo el clima influye mucho ¿sabe?... Tengo reuma y la humedad me mata...
La mujer guarda silencio mientras sigue echando botellas en el contenedor.
BARRENDERO
…Pero solo me faltan tres semanas y dos días para las vacaciones... Me iré a Cuba. Allí el tiempo es estupendo...
La mujer termina con los envases de cristal y se desplaza al contenedor de papel, que está al lado. El barrendero sigue echando botellas en el de vidrio. La mujer saca periódicos y revistas de una bolsa de papel y los va depositando.
BARRENDERO
…Y la gente es muy simpática y amable... Apenas tienen nada, pero les da igual, el sentido de la alegría no lo pierden...
La mujer termina.
MUJER
Adiós.
BARRENDERO
Adiós. Buenas noches.
La mujer entra al portal.
ESCENA 2 / INTERIOR- PORTAL / NOCHE.
La mujer sube por las escaleras hasta llegar al quinto piso. Saca las llaves y abre la puerta de su casa.
ESCENA 3 / INTERIOR- RECIBIDOR / NOCHE.
La mujer está agotada y recupera aire apoyada en la pared del recibidor. Aparece un hombre con una botella de vino en la mano.
HOMBRE
¿Por qué has tardado tanto?
MUJER
No he tardado, me he dado mucha prisa.
HOMBRE
¿Quién era el hombre con el que hablabas?
MUJER
¿Qué hombre?
HOMBRE
No te hagas la tonta conmigo. Sabes que me saca de quicio. Te lo repito ¿quién era el hombre con el que estabas hablando mientras tirabas la basura? Os he visto desde la ventana.
MUJER
¡Ah! El barrendero. No le conozco, es la primera vez que le veo...
HOMBRE
Y ¿de qué hablabais?
MUJER
Decía que le faltaba poco para irse de vacaciones a Cuba.
HOMBRE
Y si no le conoces ¿por qué te cuenta eso?
MUJER
No lo sé.
HOMBRE
(Estrellando la botella de vino contra la pared)
Te he dicho que no te hagas la tonta conmigo...
MUJER
Te juro que no le conozco...
HOMBRE
(Soltándole un bofetón en la cara)
No me mientas.
MUJER
Por favor…
HOMBRE
(Dándole un puñetazo en la tripa)
¡Puta de mierda!
La mujer cae al suelo protegiéndose la tripa. El hombre se agacha a su lado y la agarra del pelo.
HOMBRE
¡Me das asco!
MUJER
No me pegues, por favor...
El hombre se incorpora, abre la puerta y sale.
ESCENA 4 / INTERIOR- ESCALERAS / NOCHE.
El hombre cierra la puerta con fuerza. Da el interruptor de la luz y baja por las escaleras. En el segundo piso se encuentra con una anciana que sale de su casa con una bolsa de basura.
HOMBRE
(Con tono amable y simpático)
¡Buenas noches, doña Carmen! ¿Dónde va tan elegante?
Lo de “elegante” es una broma ya que viste una roída bata de estar por casa.
DOÑA CARMEN
Buenas noches. (Mostrándole la bolsa de basura) Ya ves donde voy.
HOMBRE
No me mienta, seguro que va a visitar a alguno de sus afortunados amantes.
DOÑA CARMEN
Tú siempre tan bromista.
HOMBRE
Déme que ya se la bajo yo.
DOÑA CARMEN
Gracias, eres muy amable.
Le pasa la bolsa de basura.
HOMBRE
De nada, doña Carmen. Lo hago encantado.
DOÑA CARMEN
Te lo agradezco en el alma, porque esas escaleras me dejan medio muerta. A mi edad las piernas me fallan.
HOMBRE
No diga eso. Si parece una quinceañera.
DOÑA CARMEN
Ya quisiera yo. Bueno, adiós majo...
HOMBRE
Adiós, doña Carmen.
DOÑA CARMEN
¿Sabes qué?...
HOMBRE
Dígame…
DOÑA CARMEN
Eres un buen hombre.
HOMBRE
Y Usted, un sol.
La anciana cierra la puerta y el hombre sigue su descenso por las escaleras. Llega al portal y sale a la calle.
ESCENA 5 / EXTERIOR- CALLE / NOCHE.
El hombre se acerca al contenedor y arroja la bolsa dentro. Unos metros más allá, el barrendero continúa con su trabajo. El hombre camina hacia él mientras mira de reojo a su alrededor. Saca una navaja del bolsillo y la abre, se acerca por detrás y se la clava varias veces en el hígado. El barrendero cae al suelo y comienza a desangrarse. El hombre limpia la hoja de la navaja en el pantalón de su víctima. Echa una mirada a su alrededor y cuando se asegura de que nadie le ha visto, se guarda la navaja en el bolsillo y sigue su camino calle arriba. Una sola palabra sale por la boca del barrendero.
BARRENDERO
Cuba...
Después muere.
lunes 9 de noviembre de 2009
sábado 7 de noviembre de 2009
KING KONG
Fue una película que vio todo el mundo menos yo, mis padres no me dejaron. En la tele anunciaron con bastante anterioridad la emisión del film y todos los chavales estábamos entusiasmados con la idea de visionarlo. En el colegio, en la calle, en casa, no hablábamos de otra cosa que no fuera de la película de King Kong.- ¿La verás, no?
- Pues claro. No me la pienso perder por nada del mundo.
- Espero que no tenga dos rombos.
- A mí me da lo mismo que tenga dos o uno o ninguno. Mis padres me dejan ver todas las pelis.
- ¡Que suerte! Los míos solo me dejan ver las del oeste y solo si no llevan rombos…
La verdad era que a mí tampoco me dejaban ver las calificadas con dos rombos (Para mayores de diez y ocho años) pero por fardar que no fuese.
- He oído decir que la chica sale casi desnuda.
- ¿De verdad? - dije con temor. Si realmente la chica salía de esa guisa era muy probable que le pusieran los dos rombos.
- Lo que oyes… Y el gorila mide más de cien metros.
- ¿Cien?
- O más…
Contábamos con ansiedad los días que quedaban para proyección de la película y según se acercaba la fecha nos íbamos excitando más y más. En los recreos todos jugábamos a ser aventureros con la peligrosa misión de adentrarnos en tierras inhóspitas y capturar al gran mono. Antes de dormir, y sabedor de que mi hermana después no podría conciliar el sueño, yo le contaba terroríficas historias donde el protagonista era atacado por un inmenso y demoledor gorila. Por fin llegó el día que iban a poner la película en la televisión. Esa mañana en el colegio nadie prestó atención a la lección, todos comentábamos por lo bajinis temas relacionados con King Kong y nos pasábamos notas unos a otros cuando la profesora no estaba atenta.
- Esta noche a las diez.
- ¡Sí, por fin!
- ¿Sabes que King Kong se come todos los días diez negros para desayunar?...
Mientras estábamos comiendo me armé de valor y les hice la pregunta que llevaba días deseando hacerles a mis padres:
- Papá, mamá… ¿Me dejareis ver la película de esta noche?
- Según los rombos que tenga. - dijo mi madre.
- Pero es que es la de King Kong… y la van a ver todos los niños del colegio.
- Ya has oído a tu madre. - dijo mi padre poniendo fin a la conversación.
Después de comer recé con toda mi devoción para que la película no tuviese rombos. Tuve un mal presentimiento. El miedo empezó a subirme por los tobillos y fue recorriendo todo mi cuerpo, concentrándose, sobre todo, en el estomago y en los cartílagos de las orejas. En el estomago en forma de dolor y en las orejas en forma de calor. Durante las clases de por la tarde el miedo siguió fluyendo por mis venas y mientras los demás se mantenían entusiasmados por la inmediatez de la película yo permanecía callado, apretándome el estomago con las palmas de las manos.
Mientras cenábamos saqué de nuevo el tema:
- Por favor, dejadme ver la película de esta noche.
- ¿Qué te he dicho mientras comíamos? - regañó mi madre.
- Os prometo que si me dejáis verla me portaré bien y obedeceré en todo lo que me mandéis.
- Termínate lo que hay en el plato y déjanos cenar en paz.
- Pero, mamá…
- No hay peros que valgan. Haz lo que dice tu madre si no quieres irte a la cama ahora mismo. - dijo mi padre poniendo fin a la conversación.
Después de cenar tuve que encerrarme en el báter, tenía el estomago tan revuelto que no me quedó otro remedio que vomitar. Traté de hacerlo en silencio, para que mis padres no se enterasen. No quería darles ningún motivo que les sirviera de excusa para mandarme a la cama. La hora siguiente se me hizo eterna. Los nervios seguían agarrados a mi estomago y en varias ocasiones tuve que reprimirme para no comerme las uñas. A las nueve de la noche mandaron a mi hermana a la cama. No quería irse a dormir alegando que si yo me quedaba a ver la película, ella también. Temí que nos mandasen a los dos a la cama y deseé agarrarla por el cuello y estrangularla. Afortunadamente mi madre la convenció con la promesa de contarle un cuento y permanecer con ella hasta que se quedase dormida. Respiré aliviado, aunque sabía que no las tenía todas conmigo. Mi padre y yo seguimos viendo las noticias. Lo peor llegó después del Telediario. Solo quedaba media hora para el comienzo de la película y a mí no me cabían más nervios en el estomago. Disimulé un amago de arcada con un leve tosido. Mi padre no pareció enterarse y seguimos viendo los anuncios. A las diez menos diez apareció de nuevo mi madre.
- Como tenga dos rombos te vas directo a la cama. - me dijo.
- Pero…
- No hay peros que valgan.
- La van a ver todos menos yo.
- A mí no me importa lo que hagan los demás.
- Pero es que…
- No contestes a tu madre o te vas a la cama ahora mismo. - dijo mi padre poniendo fin a la conversación.
¿Cuánto faltaba? Siete minutos. O empezaba ya o a mí me iba a dar un ataque. Volví a rezar en silencio, rogándole a Dios, a La Virgen, a Jesucristo, a todos los santos, al cielo entero que por favor, la película no tuviera dos rombos. Por fin, llego la hora. Yo estaba tan nervioso que apenas podía respirar. Ahí estaban los títulos de crédito y por el momento no habían aparecido los dos temidos rombos. Todo iba bien. De hecho empecé a creer en la posibilidad de poder ver la película. La banda sonora que acompañaba esos primeros fotogramas ya me estaba transportando a tierras extrañas cuando arriba, en el costado derecho de la pantalla aparecieron los dos rombos. El mundo se me vino abajo. Supliqué, imploré, pataleé, refunfuñé… Nada. No hubo forma de convencerlos. Insistí y volví a insistir. Cuando barrunté que estaba a punto de ganarme un guantazo me rendí y me fui a la cama. Estaba indignado y mis padres me parecieron las personas más despreciables del planeta. También estaba enfadado con Dios por desoír mis rezos. Si en esos momentos hubiese tenido la oportunidad de explosionar todo el universo, yo hubiera apretado el botón sin ningún miramiento.
Al día siguiente me levanté con dolor de cabeza debido a que no había dormido bien. Recordaba algunos retazos de pesadillas relacionadas con historias de cortadores de cabezas y gorilas asesinos. Durante el desayuno no me dirigí en ningún momento a mis padres y me mantuve todo el rato con el ceño fruncido para dar a entender que estaba muy, pero que muy enfadado. Tampoco les dije nada cuando salí de casa para ir al colegio y además les privé del beso de despedida. De camino me reuní con Jesús y José.
- ¿Viste la peli? - me preguntaron nada más verme.
- ¿Y vosotros? - respondí a la gallega.
- Sííííí. - dijeron al unísono.
¡Mierda puta! Estaba claro que el único que no la había visto era yo.
- ¿Y tú? - insistió Jesús con los ojos muy abiertos y una sonrisa de oreja a oreja.
- Pues claro. No me la perdería por nada del mundo.
No podía permitir que mis amigos supieran la verdad. Me habrían tomado por tonto y se hubieran reído de mí.
- Lo mejor fue cuando King Kong luchaba con el dinosaurio. - dijo José.
- Y que lo digas. - afirmó entusiasmado Jesús.
Yo asentí con la cabeza, dándoles la razón. La envidia me corroía por dentro. Saber que también salían dinosaurios fue muy duro de encajar. Odié a mis padres por no haberme dejado ver la película, pero los odié, sobre todo, por quitarme el gustazo de comentarla con mis amigos.








