martes, 11 de septiembre de 2018

PEQUEÑOS CANALLAS

Al principio, Óscar, Ojeda y yo, usábamos los zurullos de perro que encontrábamos por la calle, pero enseguida nos dimos cuenta de que necesitábamos excrementos con más consistencia. Nada mejor que nuestra propia mierda. Lo que hacíamos era pasarnos por la zapatería del barrio para pedirle a Manolo, el dependiente, una caja de zapatos vacía. Lo echábamos a suertes y el que perdía se metía en los baños de algún bar para vaciar sus tripas dentro de la caja. Luego buscábamos una cabina telefónica y, con ayuda de un palo, untábamos tanto el micrófono del teléfono como el altavoz. Hecho esto, solo teníamos que alejarnos unos metros de la cabina y, discretamente, sentarnos a esperar.

pepe pereza

lunes, 4 de junio de 2018

DEJANDO QUE EL TIEMPO PASE (Inédito)

(Dedicado a Maica Bermejo Miranda)
Cuatro euros con treinta y seis céntimos. Es el saldo que le queda. Ni siquiera da para sacar un billete de cinco. Leo deja atrás el cajero automático y camina sin rumbo bajo la lluvia. Nota los calcetines mojados. Tiene suelas desgastadas y cada vez que pisa un charco se filtra el agua. Tendrá que esperar a que las cosas mejoren para comprase unas botas nuevas. Saca el paquete de tabaco, pero ve que le quedan pocos cigarros y se lo vuelve a guardar en el bolsillo. Son las nueve menos cuarto de la noche y no quiere llegar tan pronto a la pensión. Debe dos meses de alquiler y ya no sabe qué excusas ponerle a la casera. Aunque hace frío, seguirá dando vueltas por ahí para hacer tiempo, así cuando llegue, con suerte, esa vieja gruñona estará durmiendo la mona. Últimamente todo le sale mal. Es como si ignorase algo que los todos los demás saben de antemano. Puede que se deba a su falta de confianza o a la mala racha que está pasando. En cualquier caso, es una sensación que le acompaña desde hace lustros. Estamos a finales de enero y las calles del centro siguen con el alumbrado de navidad, apagado, pero ahí está. A él no le gustan las navidades. Su padre murió en esas fechas cuando él tenía trece años y desde entonces las detesta. Debido a la pérdida de su padre, Leo tuvo que dejar los estudios y ponerse a trabajar de aprendiz en una obra. Todo el día cargando ladrillos en la carretilla. Ladrillos y más ladrillos. Llegaba a casa reventado, con los músculos doloridos. Apenas le quedaban fuerzas para cenar y meterse en la cama. Mientras dormía soñaba que cargaba montañas de ladrillos y una vez en el trabajo continuaba cargando las mismas montañas de ladrillos. Sin descanso, un día y otro. Hasta los dieciséis que cambió la obra por un matadero. Otro trabajo de mierda con otro sueldo de mierda. Una de sus tareas consistía en manejar una pequeña grúa para cargar con los cerdos sacrificados y meterlos en una especie de piscina llena de agua hirviendo. Se les escaldaba para facilitar el rasurado de los cuerpos. Para algunos cerdos no era suficiente con la descarga eléctrica que les daban para ejecutarlos, tan solo quedaban atontados. Al meterlos en la piscina recobraban la consciencia e intentaban salir todos los medios posibles. Pataleaban y berreaban desquiciados, salpicando agua hirviente por todas partes. Aún recuerda aquellos horribles chillidos. Estuvo trabajando en aquel matadero hasta los veinte, que fue cuando le llamaron para cumplir con el servicio militar. Le destinaron a Barcelona. La Ciudad Condal se estaba preparando para los Juegos Olímpicos y en el ambiente se respiraba optimismo y jovialidad. Allí perdió la virginidad con una puta del barrio chino, allí fumó los primeros canutos, se cogió las primeras borracheras e hizo amistades que aún le duran. Quitando el coñazo de la vida castrense, todo lo demás era una gozada. Pasa por debajo del toldo de una frutería regentada por un chino. Hay varias cajas de fruta expuestas en el exterior, unas pocas quedan fuera del campo de visión del interior de la tienda. Leo aprovecha y coge un par de manzanas. Entonces se da cuenta de que le han visto. Unos metros por delante hay dos mujeres hablando, una de ellas sostiene de la mano a su hija pequeña. Es la niña quien le mira con los ojos muy abiertos. Leo se siente avergonzado. Para evitar a la cría, cruza de acera y sigue caminando. Al acabar la mili tuvo que volver a vivir otra vez con su madre. En esa etapa no consiguió encontrar trabajo y como alternativa empezó a vender hachís. Al principio a un pequeño grupo de amigos y conocidos, luego la clientela fue ampliándose. La cosa se complicó y un día estuvo a punto de caer en una redada de la policía. Pudo librarse de milagro, pero el susto que se llevó le bastó para cambiar radicalmente de vida. Poco después se colocó de reponedor en unos grandes almacenes. No ganaba mucho, pero el trabajo era sencillo y a fin de mes podía aportar algo de dinero para pagar las facturas que llegaban a casa. Ahora llueve con más fuerza. Con gusto volvería a su habitación, pero aún es pronto. Seguro que en esos momentos la casera está con la oreja pegada a la puerta por si le escucha llegar. Mejor seguir andando, que pase el tiempo, que se duerma. Mientras trabajaba en los grandes almacenes conoció a Lara, una de las cajeras. No era demasiado guapa, pero tenía carisma y un cuerpo que quitaba el sentido. A las pocas semanas de conocerse decidieron vivir juntos. Él hizo las maletas y se trasladó a una buhardilla a vivir con su nueva novia. La relación duró casi dos años. Hasta que la cosa se enfrió y cada uno siguió por su camino. Ella continuó viviendo en la buhardilla y él, como no tenía donde ir, volvió con su madre. Recientemente, un conocido le contó que Lara había muerto en un accidente de tráfico. Por lo visto el coche se salió de la carretera y cayó por un barranco. Una pena. Aunque, así es la vida. Unos tienen que irse para dejar espacio a los que vienen. Sigue lloviendo. Tiene los calcetines empapados y los pies congelados. Además, está harto de ir de un lado a otro como un alma en pena. Cuando no se tiene dinero poco más se puede hacer. A lo sumo mirar cómo gastan el suyo los demás. Maldita casera. Si no fuera por ella ahora estaría tumbado en la cama escuchando la radio y fumando un cigarro. Basta que se haya acordado del tabaco para que le entre mono de nicotina. Solo le quedan tres cigarros. Necesita uno para antes de dormir. Ese es primordial o no podrá pegar ojo en toda la noche. También tiene que reservar otro para la mañana siguiente cuando se levante. Después de echar sus cálculos decide encenderse el que sobra. Justo cuando se lleva el pitillo a la boca se le acerca una jovencita.
-¿Me das uno?
Leo no tiene valor para negarse.
-¿Y fuego? –pide la chica.
Se lo da. Después de encenderse el cigarro la joven da las gracias y va a reunirse con una amiga, que la espera unos metros más adelante protegida bajo un paraguas. Leo mete en el paquete el cigarro que tenía pensado fumarse y sigue andando. Al pasar por delante de una hamburguesería se fija en un letrero que está pegado en el escaparate: Se necesita personal. Leo echa un vistazo a través del cristal. Dentro del local hay bastante ajetreo. Decide entrar y probar suerte. Se acerca a uno de los camareros y pregunta por el encargado. El encargado es un jovenzuelo con la cara llena de acné.
-¿En qué puedo ayudarle? –pregunta el chaval.
-He visto el cartel del escaparate y quiero solicitar un puesto de trabajo.
-Pero, usted no da el perfil.
-¿Qué perfil?
-La política de la empresa es la de contratar a gente joven, usted nos saca más de veinte años a cualquiera de los que estamos aquí.
Leo mira alrededor. El chaval tiene razón, tanto los clientes como el personal son adolescentes, pocos de ellos pasan de los veinte. Sin duda, está fuera de lugar. Se disculpa por las molestias y sale del local. Un día que estaba trabajando en los grandes almacenes recibió una llamada de teléfono. Era una vecina, le dijo que su madre acababa de morir de un ataque al corazón. Si la muerte de su padre fue un duro golpe, la pérdida de su madre lo fue aún más. Con su desaparición él se quedaba sin vínculos de sangre, estaba solo en el mundo. Al entierro acudieron un centenar de personas. Leo no tenía ni idea de lo querida y apreciada que era su madre en el barrio, ese detalle le conmovió profundamente. Poco después vendió la casa que había heredado, la misma en la que había vivido con su madre durante toda su vida. Con el dinero que obtuvo regresó a Barcelona. Se trasladó allí con la intención de abrir un negocio, un bar o una tienda de ropa, algo con lo que poder ganarse el pan sin tener que acatar las órdenes de nadie. Antes quiso tomarse unas vacaciones y disfrutar de un tiempo de sosiego. Llevaba trabajando desde hacía años y necesitaba un descanso. De primeras se instaló en un hotel de tres estrellas en la zona de La Barceloneta. Casi de inmediato empezó a hacer vida nocturna: pubs, bares, discotecas, prostíbulos… no hubo local que no pisara, ni droga o bebida que no probase. Donde hubiera juerga allí estaba él, derrochando su dinero a manos abiertas. Fue entonces cuando conoció a Carol, una estudiante de arquitectura catorce años menor que él. Juntos viajaron a París, Londres, Venecia, Roma, Praga, Ámsterdam… Después de recorrer media Europa, cogieron un avión y una calurosa mañana de agosto aterrizaron en el aeropuerto de Nueva York. La ciudad que nunca duerme superó todas las expectativas. Allí pasaron cerca de un mes, visitando los típicos lugares que visitan los turistas, sacando miles de fotografías y comprando todo lo que se les antojaba. Entonces, sucedió el atentado contra Las Torres Gemelas. Con el caos y el miedo reinante no era cuestión de quedarse, así que hicieron las maletas y regresaron a Barcelona. Era hora de establecerse y sentar la cabeza, de echar raíces. Alquilaron un piso e iniciaron una vida en común. No funcionó. Una cosa era estar viajando y pasándolo bien y otra muy distinta convivir juntos en una casa asumiendo responsabilidades. Carol no estaba por la labor y un día cogió sus cosas y se marchó. Leo mira la hora en el reloj de la plaza. Las diez y seis minutos. A la casera le gusta empinar el codo y normalmente para eso de las once suele caer grogui. Tendrá que esperar como mínimo otra hora más para regresar a la pensión. Lleva todo el día con la ropa y el calzado empapados, sin comer, hiendo de un sitio a otro, sin rumbo, con el único propósito de que pasen las horas, que las agujas de los relojes giren lo más deprisa posible para que él pueda volver cuanto antes a su habitación, quitarse la ropa mojada, el calzado empapado y meterse en la cama para cerrar los ojos a esa vida miserable que le está tocando vivir. Al pasar por encima de una rejilla nota el aire caliente que sale del interior. Le sube por los pies hasta llegar a la barbilla. Se detiene un momento para disfrutar de la agradable temperatura. Cierra los ojos y retrocede en el tiempo, se imagina en la vieja casa de su madre, al calor de la estufa mientras le llega el aroma de la cena que ella guisa en la cocina. Cómo añora aquellos días. Al abrir los ojos la realidad le golpea con el ruido del tráfico, la lluvia, el frío, el hambre, las ganas de fumar y esa sensación de fracaso que no se le va. Permanece al calor de la rejilla un rato más, luego sigue andando. En las traseras del teatro hay un grupo de personas cargando unos decorados en un tráiler. Se acerca y pregunta por el responsable. Le remiten a un tipo calvo y delgado. Leo se ofrece para trabajar con ellos. El calvo le dice que en esos momentos tiene la plantilla cubierta, pero que le deje sus datos porque la próxima semana está programado un musical y que es posible que necesite gente extra para el montaje. Se dan la mano y Leo sale de allí con un atisbo de esperanza en el cuerpo. De pronto, ha dejado de tener frío y se siente ligero y ágil como el cachorro de un galgo. Ahora ya puede ir a la pensión y meterse en su cama sin cargos de conciencia. Después de que Carol se fuera, él pensó que era hora de hacer algo con los ahorros que le quedaban. Junto a un amigo montó una empresa de marcos de aluminio para puertas y ventanas. El boom de la construcción estaba en pleno apogeo y enseguida el negocio empezó a funcionar. Tenían tantos pedidos que no daban abasto, tuvieron que hacer ampliaciones tanto en la plantilla como el taller. Fueron los tiempos de las vacas gordas, años de bonanza que no iban a acabar nunca. Pero la burbuja inmobiliaria explotó. De pronto, los pedidos dejaron de llegar y algunos clientes no hicieron frente a los pagos. Las cosas fueron a peor y las facturas empezaron a acumularse. Finalmente tuvieron que despedir a los empleados y cerrar la empresa. Los bancos embargaron la propiedad y de la noche a la mañana, tanto su socio como él estaban en la calle, arruinados y con el culo al aire. Leo vendió las pocas pertenencias que le quedaban, dejó el piso donde vivía y regresó a su ciudad natal. Pensó que allí le sería más sencillo empezar desde cero. Nada más llegar alquiló una habitación en una pensión de mala muerte. La misma a la que se dirige en esos momentos. De eso hace más de siete años. Siete años viviendo en una pocilga con baño y cocina compartidos, siete años de trabajos eventuales mal pagados, de paro, de ayudas del estado, de sacrificio y privación. A veces tiene la impresión de que las horas se ralentizan, como ha sido el caso, pero si echa la vista atrás se da cuenta de que es todo lo contrario; el tiempo vuela, los años pasan rápidos y la vida se consume como un pedazo de papel en la hoguera.

pepe pereza

viernes, 18 de mayo de 2018

POÉTICA PARA ACOSADORES: NUEVE CUENTOS DE VIOLENCIA, LOCURA Y SOLEDAD - STANLEY ELKIN


Hoy sale a la venta (también en ebook) POÉTICA PARA ACOSADORES: NUEVE CUENTOS DE VIOLENCIA, LOCURA Y SOLEDAD, de Stanley Elkin, con traducción de David Paradela López y diseño de cubierta de Mikel Jaso.

Puedes leer el prólogo del autor, aquí:
http://editorialcontra.com/producto/poetica-para-acosadores/

Los nueve cuentos que componen esta colección, publicada originalmente en 1965, dieron a conocer a una de las voces más exuberantes y radicales de la prosa norteamericana de la segunda mitad del siglo XX, que apenas se había traducido a nuestro idioma.
A pesar de que, como el propio autor reconoce en el prólogo de esta edición, los relatos pueden adscribirse al realismo, por su imaginación desbordante, la fastuosidad de sus frases que se despliegan como ramas abarrotadas de frutos fantásticos y un léxico salpicado de modismos, términos en yiddish y del argot se acercan a experiencias más próximas a la modernidad literaria. El estilo de Stanley Elkin y su particular humor negro, las más de las veces podrían ser una mezcla imposible entre Faulkner, Henry Miller y Franz Kafka.
Todos sus personajes al borde de un precipicio imaginario, impulsados por una misión rayana en la locura, sometidos a un punto de inflexión en sus vidas que probablemente acabará por destruirlos son el trasunto de una lóbrega mirada sobre la sociedad norteamericana, teñida de desencanto, aunque férreamente moral.
Al final, triunfa el humor, que parece el único antídoto posible ante la abyección y la miseria, si bien no es un humor tranquilizador y narcótico, sino una manera de revelar el absurdo de la construcción social y moral de nuestro mundo y de nuestros fatuos ideales y anhelos.

miércoles, 7 de marzo de 2018

PRÓXIMAMENTE


Lincoln en el Bardo
George Saunders
Editorial: Seix Barral
Temática:

Colección: Biblioteca Formentor
Número de páginas: 440
Man Booker Prize 2017.
Una emotiva historia de fantasmas sobre la pérdida, el dolor y la familia.

Sinopsis de Lincoln en el Bardo:
Febrero de 1862. En medio de la sangrienta guerra civil que divide al país en dos, el hijo de doce años del presidente Lincoln está gravemente enfermo. En cuestión de pocos días, el pequeño Willie muere y su cuerpo es trasladado hasta un cementerio en Georgetown. Los periódicos de la época recogen a un Lincoln deshecho por la pena que visita la tumba en varias ocasiones para guardar el cuerpo de su hijo.
A partir de este hecho histórico, Saunders despliega una historia inolvidable sobre el amor y la pérdida que se adentra en el territorio de lo sobrenatural, allí donde tiene cabida desde lo terrorífico hasta lo hilarante. Willie Lincoln se halla en un estado intermedio entre la vida y la muerte, el llamado Bardo según la tradición tibetana. En este limbo, donde los fantasmas se reúnen para compadecerse y reírse de lo que dejaron atrás, una lucha de dimensiones titánicas surge de lo más profundo del alma del pequeño Willie.


sábado, 3 de marzo de 2018

"DEL FONDO" EN CASA

DEL FONDO llega con la niebla.
Pasar tres, cuatro páginas al tun tun, sentir un estremecimiento y exclamar: Joder, qué preciosidad, qué cosa más bonita.
Mi enhorabuena a Vicente Muñoz Álvarez, a Andrés Casciani y a todo el equipo de Vinalia Trippers por una edición impecable. Estáis a otro nivel.


viernes, 23 de febrero de 2018

PRÓXIMAMENTE

HARRY CREWS vuelve a DIRTY WORKS con su novela más disparatada.
Iniciamos la PREVENTA de COCHE, Dirty nº12.

«Herman es el hijo de Easy Mack, el propietario del mayor cementerio de coches de Jacksonville, Florida. La vida transcurre sin mayores aspavientos entre la chatarra y los efluvios fétidos del río Saint John. Su hermano, Mister, desguaza y sueña con Cadillacs. Su hermana Junell está
 a cargo de la grúa, Big Mama, y se desvive por ser la primera en llegar a los accidentes y llevarse la mejor pieza. Pero hay un problema: Herman no encaja. Nunca lo ha hecho. Parece hijo de otro. No termina de enraizar. Les ha salido un poco rana. Es un soñador y tiene ideas. Ideas muy locas que, además, no duda en llevar a cabo. La última tiene que ver con un Maverick del 71. Un Ford seis cilindros con palanca de cambios convencional «y sin opciones», tal y como ha salido anunciado en el Times-Union de Florida. Herman se lo va a comer. Pieza a pieza.»

Preventa AQUÍ: http://www.dirtyworkseditorial.com/tienda/libro-coche

lunes, 20 de noviembre de 2017

RECIÉN LLEGADO A CASA POR CORTESÍA DE VALLE CAMACHO - LA NOVIA FRANCESA DE HO CHI MINH de ÓSCAR SIPÁN


RECIÉN LLEGADO A CASA POR CORTESÍA DE EMILIO LOSADA - VENTAJAS DE ESTAR EN LA RUINA


GARDENJUNKIES - GSÚS BONILLA

ALGUNAS CONSIDERACIONES

Aunque, a decir verdad, la inmediatez fue la característica principal en el cuaderno de notas que se fue generando desde, y entre, mediados de septiembre de 2016 y la primera semana de julio de 2017, bajo la tiranía del like en la red social Facebook, con el nombre de VIVEROS Y JARDINES… Y JUNKIES, habría de ser justo conmigo mismo para poder serlo con los demás y apuntar aquí algunas consideraciones que han sido indispensables para conformar la estructura del libro que ahora tienes en tus manos, lector. En los tiempos que corren nada es espontaneo y nada se deja al azar, aunque pueda parecer lo contrario

Parecería oportuno, que el grosso de este libro: Cuaderno de notas y Junkies, tuviese un frontispicio, un algo con el que dar comienzo a una historia, o bien, un cómo he llegado hasta aquí. De manera que, obviamente, era necesario empezar por un principio e idear un planteamiento que conectara con el nudo y desenlace de este híbrido alejado, muy alejado, del cuento: Garden, el primer apartado del libro. Se trata de un solo poema, fragmentado, y pensado en prosa, el cual abre y da inicio a un ejercicio de escritura que dio comienzo en el mes de febrero del año 2013, el cual, también, di por finalizado a últimos de septiembre de 2016. Esto es, más de tres años y medio, en los que, mes a mes, y por diferentes trámites, tuve que personarme en una Oficina de Empleo. Esto es, desde la traumática finalización del último empleo remunerado que tuve hasta el siguiente, es decir, el primer contrato laboral, más de tres años después, con la Agencia de Empleo del Ayuntamiento de Madrid. Quisiera también, hacer mención al texto de cierre a este apartado: La transición 2.0, concebido en este mismo espacio temporal, y que en este intervalo fue publicado por Ediciones Liliputienses, recogido en el cuaderno de poemas VIGA (enero 2016).

Sobre el apartado Cuaderno de notas poco o nada más que añadir, que lo que ya de por sí en él aparece. Lo escrito, escrito está. Aunque me gustaría referir su fragmentación, la manera en que están establecidos sus capítulos, basados igualmente en la obviedad del espacio-tiempo, sin embargo, dividido todo él según el Calendario Revolucionario o Republicano Francés (octubre de 1793 hasta septiembre de 1805), donde el año empezaba a las 12 de la noche del día que se producía el equinoccio de otoño, el cual el poeta Fabre d’Eglantiene puso toque literario al nombre de los meses. A saber: 1, Vendemiaire (el mes de la vendimia; recordemos que empiezan el año en nuestro septiembre); 2, Brumaire (el mes de las brumas); 3, Frimaire (el de la escarcha); 4. Nivose (el de la nieve); 5, Pluviose (lluvioso); 6, Ventose (ventoso); 7, Germinal (brotar); 8, Floreal (adornar, florecer); 9 Prairial (el de las praderas); 10 Messidor (el de las mieses); 11, Thermidor (el del calor); 12, Fructidor (el de los frutos). Los días de la semana, obviados en el cuaderno de notas puesto que se dividían en décadas (semanas de diez días), eran: Primidi, duodi, tridi, quartidi, quintidi, sextidi, septidi, octidi, nonidi y decadi. Aunque en este libro, la nomenclatura aparece castellanizada. La curiosidad del asunto me pareció original y una manera distinta de fraccionar un diario. Nada más. Por otro lado, el tercer apartado: Junkies, llevando el mismo proceso temporal de escritura lleva incorporado un fraccionado más personalista, referido a las personas que me acompañaron a lo largo de todos estos meses, he hicieron que mis pies sintieran de nuevo la dureza del suelo, que comprendiera que la realidad podía confundirse con la ficción en el momento en el que vivimos y que nos tocó en suerte. Algo más que justo es dedicarles a todos ellos este libro.

Además, el cuaderno de notas va acompañado, de un glosario fuera de contexto, el cual cierra cada capítulo del mismo. Organizado alfabéticamente, descontextualizado decía, si lo que en él traté fue descifrar, y de paso adjetivar, algunos aspectos del covénticulo literario contemporáneo en el que habito. Si bien, y al margen de mi diversión, mejor hubiera estado el haberlo dejado en su estadio concreto, tal y como otros, expertos en todo caso, habían concebido muchos de estos conceptos y términos que aquí recojo. Aunque, prácticamente en su totalidad, el significado es el que es. De cualquier modo, y en todo caso, se trata de palabras. Palabras que me acompañaron y quise asimilar durante el transcurso de este diario y que fui recogiendo por boca de otros, en los talleres y charlas que presencié, y en mis propias lecturas, en torno al mundo vegetal. Acaso me sirvieron para la curiosidad y el aprendizaje, y, por qué no, de mero entretenimiento.

Me hubiera gustado escribir sobre el amor, la felicidad y todas esas cosas de las que tratan los libros magníficos, de historias importantes; pero este es un libro de mierda, de un jardinero de mierda. En él cada mierda tiene su historia y cada historia su mierda. La mierda a pocos importa, solo a cerdos y moscas. Es decir, a los impertinentes y a los que hozan en ella. Tampoco es un libro de crítica, o denuncia. Se trata, en todo caso, de un libro que documenta una situación concreta en un tiempo determinado. Prosa, poesía, anotaciones diarias... la impronta textual de una experiencia vital propia, como vómito literario. Esto es lo que yo creo que es GardenJunkies, aunque quizá esté equivocado.

El autor


Valle del Kas. Septiembre de 2017. Un año después de casi todo.

Gsús Bonilla. GardenJunkies (Tigres de papel, 2017).

http://www.tigresdepapel.es/producto/gardenjunkies/

https://www.facebook.com/events/150176115600650

miércoles, 8 de noviembre de 2017

FURTIVOS - TOM FRANKLIN

DIRTY WORKS se complace en presentarles el primer libro de relatos de TOM FRANKLIN, FURTIVOS, un viaje a los condados boscosos que se extienden entre los ríos Alabama y Tombigbee, la zona baja de Alabama, frondosa, verde y llena de muerte.

«Con esta colección de maridos lamentables, colegas inútiles y matrimonios desgastados, es como si el autor hubiese secuestrado a los personajes de RAYMOND CARVER y los hubiese dejado a su suerte en el Sur Profundo.»
NEW YORK TIMES BOOK REVIEW

miércoles, 1 de noviembre de 2017

SE RUEGA SILENCIO - CAPÍTULO 7

En la sala aguardan otras cuatro personas. No hay aire acondicionado y el bochorno es insoportable. Compruebo la hora en mi reloj y observo cómo gira el segundero. Sé que va sincronizado con el del despertador que está en mi dormitorio. Eso me hace sentir bien. En cierto modo, es como estar allí, mirando el paso del tiempo desde la cama. Me gusta esa sensación. Alguien grita mi nombre por el altavoz y anuncia que se requiere mi presencia en la oficina número cinco. El despacho está al fondo del pasillo. Llamo a la puerta y entro. Un fulano que tiene cara de saberle todo amargo me invita a sentarme. Confirma mi identidad repasando los datos en el ordenador. Luego añade que tiene un trabajo para mí.
-Es en la fábrica de embotellado que está en el polígono de Agoncillo. El turno es de seis de la mañana a dos de la tarde. ¿Te interesa?
Claro que me interesa, capullo. Llevo días alimentándome de lo que siso en los supermercados. Cogería cualquier trabajo por cutre que sea.
-Bien. Pues, el próximo lunes, a las cinco y media de la madrugada tienes que presentarte en la calle Vara del Rey, junto al pasaje del estanco. Allí te recogerá un autobús que te llevará a las instalaciones.
Hecho el papeleo, salgo de la agencia. Pasaré quince días a prueba y si les gusta cómo lo hago me harán un contrato de tres meses. Lo suficiente para pagar deudas y ahorrar algo. Joder, me muero de hambre. Debería acercarme a ver a mi madre. Con la excusa de mi nuevo trabajo podría hacer las paces con ella y comer algo decente.
Tarda en contestar pero al final lo hace. Le digo quién soy. Se produce un incómodo silencio. Se nota que sigue enfadada. Finalmente abre.
Está en su mecedora viendo la televisión. No me mira. Tomo asiento en el sofá.
-¿Dicen algo interesante en las noticias?
-Las mismas barbaridades de siempre.
Durante un par de minutos guardamos silencio y fingimos atender a las palabras de la presentadora.
-El lunes empiezo a trabajar en una fábrica de refrescos.
Me mira por primera vez.
-Me alegra saberlo.
Continuamos atentos al noticiario. Al rato, hace la pregunta que estaba esperando.
-¿Tienes hambre?
Me comería una ballena entera, pero el orgullo me obliga a mentir.
-No mucha.
-¿Has comido?
-Lo haré cuando llegue a casa.
-¿Estás seguro?
-Sí.
-Mira que no me cuesta nada prepararte unos huevos fritos con tocino y jamón.
Joder, mataría por un plato así.
-No, déjalo.
-Tú te lo pierdes.
Pensaba que iba a seguir insistiendo. Busco su mirada para insinuarle con la mía que no deje el regateo. Pero está centrada en el noticiario. Definitivamente, se ha olvidado del ofrecimiento. He perdido mi oportunidad. Le digo que me voy. Me acompaña hasta la puerta y nos despedimos con un beso. Según bajo las escaleras, en cada planta, me van llegando los aromas de los distintos guisos. Mis tripas gorjean blasfemias y claman al cielo por mi estupidez. 

martes, 31 de octubre de 2017

SE RUEGA SILENCIO - CAPÍTULO 6

Nada más abrir la puerta, quedo envuelto en una compacta niebla de partículas de escayola. En el piso de enfrente, los obreros están lijando el yeso que cubre las paredes. La maquinaria eléctrica que utilizan es de una estridencia insufrible. La polvareda que levantan es comparable a una tormenta de arena. Corro escaleras abajo aguantando la respiración hasta que salgo a la calle.
Desde que empezaron las reformas en el piso de al lado, es decir, hace tres días, me paso las horas deambulando por las calles. En casa no se puede estar. El ruido que hacen es insoportable. Estoy obligado a vagar de aquí para allá como un sin techo que no tiene dónde ir. Haciendo tiempo para que los obreros terminen su jornada.
Después de mucho andar encuentro una plazoleta rodeada de jardines. Parece un buen sitio. Me siento en uno de los bancos. Aquí el silencio es casi absoluto. Algunas hojas secas son desplazadas por la brisa. Al arrastrarse por el suelo emiten un suave carraspeo. Los pájaros cantan en los árboles. Se distingue el rumor de una fuente y el zumbido ocasional de alguna mosca. Todos estos sonidos armonizan perfectamente con el silencio del entorno. Es más, lo acentúan y complementan. Dos mariposas vuelan en un duelo de espirales. Las sigo con la mirada hasta que desaparecen por encima de los tejados. Al fondo, un grupo de gorriones se enzarzan en una acalorada disputa por un trozo de pan que termina llevándose una paloma. La ley del más fuerte. Justo en ese momento una ráfaga de viento impulsa una lata vacía, haciéndola rodar por todo el recinto. Finalmente se detiene junto al bordillo de uno de los jardines. Es un privilegio poder gozar de este sosiego. Después de estar soportando el escándalo de las obras, esta quietud me parece un regalo. Siento el sol sobre mi cabeza, adormeciéndome. Me recuesto en el banco y dejo que, poco a poco, se vayan cerrando los ojos…
Me despierto sobresaltado. Por lo visto, alguien ha explotado un petardo a mis pies. Huelo la pólvora quemada y distingo la quemadura que ha dejado la detonación en la madera del banco. Los culpables: tres chavales que, entre risas, corren calle abajo. Noto el corazón golpeándome el pecho y un pitido agudo en los tímpanos. Aún quedan varias horas hasta que pueda volver a casa. Desde esta mañana no he comido nada. Me dirijo a mi súper favorito. Al entrar hago lo que todos los días, es decir, cojo una cesta y recorro los pasillos. Mi intención es hacerme con ciertos alimentos que pueda devorar en los ángulos muertos, donde estoy libre de las miradas de las cámaras de seguridad. Pero hoy, el encargado de la tienda me sigue allá donde voy. Por mucho que lo intento no consigo quitármelo de encima. Vaya donde vaya ahí está él. Me rindo. Dejo la cesta y salgo de la tienda con un lamento en las tripas. Así no puedo seguir. Tengo encontrar un trabajo.

domingo, 29 de octubre de 2017

SE RUEGA SILENCIO - CAPÍTULO 5

Portada de PEDRO ESPINOSA

Detrás de los párpados sueños que no acertaría a explicar. De golpe: una radial. Al punto: un taladro. Abro los ojos. Son las nueve y diez de la mañana. El ruido retumba por la habitación haciendo vibrar las paredes.
A través de la mirilla veo que en el piso de al lado han empezado a hacer obras. Del interior sale una nube de polvo acompañada del ruido demencial de las máquinas. Por las escaleras suben dos obreros cargando sacos de arena y cemento. Lo meten dentro de la vivienda y bajan a por más. Da la impresión de que las obras van para largo. Hasta ahora los únicos pisos habitados eran el mío y el de abajo. Según parece, alguien se va a mudar al de enfrente. Regreso al dormitorio para vestirme. El segundero del despertador sigue sincronizado con el de mi reloj de muñeca. Me gusta que sea así. Tengo hambre. Nico maúlla al otro lado de la puerta. Él también tiene hambre. La situación no puede ser peor. Debería hacer caso a mi madre y encontrar un trabajo. Algo temporal que me haga salir de esta ruina. Aquí no se puede estar por culpa del ruido. Me preparo para salir. Antes rebusco por la casa hasta que consigo juntar unas pocas monedas, las justas para un café.
En la cafetería pido un cortado. La camarera se gira hacia la cafetera y aprovecho para darle un repaso con la mirada. Tiene un culo perfecto. Además, sus vaqueros de cintura baja dejan a la vista la goma roja del tanga. El abuelo que está a mi lado se ha quedado con la jugada.
-Si yo tuviera tus años, ten por seguro que al final del día esa preciosidad estaría entre mis brazos.
Le creo. A pesar de su edad, conserva un brillo juvenil en la mirada. La camarera me trae el café. El anciano se dirige a ella y adoptando una pose de galán de la vieja escuela le pregunta:
-Guapa ¿qué tengo que hacer para que te cases conmigo?
Ella se ruboriza. Antes de que pueda contestar, el vejete se anticipa y le dice:
-No respondas, ya pensaré en algo.
Dicho esto, deja un billete sobre la barra señalando su bebida y la mía. Sin esperar el cambio me guiña un ojo y se dirige a la salida. Antes de desaparecer me lanza tres palabras.
-A por ella.
La camarera, aún ruborizada, se aparta para meter el dinero en la caja registradora. Quiero seguir el consejo del abuelo, pero hay algo en el ambiente que me dice que no me moleste. Quizás sea el polvo que se acumula encima de las botellas o la luz grasienta del sol, puede que la voz del ciego que grita desde la esquina: últimos números para hoy.