domingo, 3 de mayo de 2015

EL DÍA QUE FOTOGRAFIÉ A BIGAS LUNA

Estamos desnudos, fumando en silencio. Acabamos de follar y cada uno ocupa su lado de la cama. En un momento dado ella se acaricia el vello púbico y deja caer una pregunta.
-        ¿Crees que debería de afeitármelo?
-        Haz lo que quieras.
-        ¿Me ayudas?
En el baño cojo todo lo necesario para el rasurado. Cuando regreso al dormitorio ella está esperando nerviosa y excitada, deseosa de eliminar cuanto antes toda la pelambrera de su pubis.
-        Vamos a ello.
Aplico espuma de afeitar y la extiendo por la zona.
-        Esto me recuerda a la peli que dirigió el tipo ese… el que le gusta mezclar la gastronomía con el sexo.
-        Bigas Luna –contesto.
-        Sí, ése…
Deslizo la maquinilla por el monte de Venus. Repito el movimiento un par de veces y luego la enjuago en una palangana.
-        ¿Sabes qué película digo?
-        Las edades de Lulú.
-        Sí… Joder, cuando la vi en el cine mojé las bragas de lo cachonda que estaba.
-        ¿Te acuerdas de la exposición colectiva que organizó el Ayuntamiento el año pasado, esa en la que reunieron a varios artistas para que expusieran su obra en las calles de la ciudad? No sé si sabrás que uno de los artistas invitados era Bigas Luna.
-        Ni idea.
-        Él se encargó de diseñar una especie de huerto ecológico en medio de La Plaza del Parlamento. Coincidí con él y le hice una foto.
-        ¿Le hiciste una foto a Bigas Luna?
Sí, se la hice. Lo recuerdo porque un minuto después ocurrió algo horrible. Una niña pequeña cayó del balcón de un cuarto piso. La caída fue tremenda y la criatura murió en el acto. Yo estaba a menos de tres metros. Tenía la cámara a mano. Sabía que podía hacer unas fotos impactantes, más cuando la madre bajó a la calle y se arrodilló junto al pequeño cadáver gritando su dolor a los cuatro vientos. Pobre mujer. Solo con recordarlo se me encoge el estómago. No quise hacer las fotos. Hubiera sido una falta de respeto al dolor de esa madre. De repente las manos me empiezan a temblar.
       -        Sigue tú, ahora vuelvo.
       -        Joder, tío.
Voy al salón. Rebusco entre los álbumes hasta dar con la foto que le hice a Bigas Luna. Observo la cara del famoso director, aunque lo que realmente veo es a la niña y a su madre. Esta foto siempre será la que no me atreví a hacer aquel día.
       -        Cariño ¿puedes venir?
       -        ¿Qué pasa?
       -        Me he cortado.
Devuelvo el álbum a la estantería y regreso al dormitorio.

pepe pereza