
- Detente, malvado ratero. – Dijo el superhéroe con un marcado acento gallego.
Sin duda era un trastornado escapado de algún psiquiátrico, pensó Carlos.
- Muy gracioso… – Dijo Carlos sin dejar de contar los billetes. - … ¿Te has escapado de una fiesta de disfraces o qué?
- He visto lo que le has hecho a esa pobre señora. - Añadió el superhéroe, sin dejar nunca el acento gallego.
- Eso no es asunto tuyo, pelele. – Dijo Carlos a modo de contestación.
- ¡Soy Relámpagoman! Y estoy aquí para combatir la injusticia. – Anunció el superhéroe, poniendo los brazos en jarras.
- Pedoman, como me sigas tocando los cojones, voy a enfadarme contigo. Le advirtió Carlos, guardándose el dinero en la entrepierna.
- Prepárate para luchar. Gritó Relámpagoman, con ese condenado acento gallego, mientras ensayaba una postura marcial.
Carlos sacó el revolver y lo puso a la vista diciendo:
– Mira fantoche, me caes bien y no quiero hacerte daño, pero como me obligues no dudare en vaciar el cargador ¿Me has entendido?...
El superhéroe se echó a reír, con una risa fingida que sonaba de lo más peliculero y dijo:
– No le temo a las balas, soy inmune a ellas… además poseo otros superpoderes, así que es mejor que te rindas y aceptes tu castigo.
Carlos no sabía si echarse a reír o empezar a disparar.
– Porque me haces gracia, que si no... – Señaló con tono condescendiente.
– Está bien… Tú lo has querido… - Replicó Relámpagoman.
Extendió su brazo derecho con la palma de su mano abierta, apuntando directamente a Carlos. Increíblemente, de su mano surgió un zigzagueante rayo luminoso que le alcanzó de lleno, dejándolo k.o. Horas después, encontraron a Carlos a la entrada de la comisaría, atado de pies y manos y un pelín chamuscado. Junto a él había un sobre que iba dirigido a todos los criminales y delincuentes locales. La carta advertía a todos de que a partir de entonces, la ciudad sería patrullada por un nuevo superhéroe y que ningún delito quedaría inmune. La firmaba: Relámpagoman… Tiempo después, Carlos les contaba la historia a sus colegas:
- Vosotros reíros, pero por culpa de ese hijo puta yo me he pasado una larga temporada en la trena y os juro por mi madre que es lo que más quiero, que ese carbón, además de tener un acentazo gallego que te cagas, le salían relámpagos por las manos.
Sus colegas se partieron el pecho de risa y él añadió.
- Relámpagos. Os lo juro, le salían relámpagos…
3 comentarios:
No te imaginas la falta que me hacía este cuento tan lleno de humor, muchas gracia...
Besitos
Cojonudo relato. Muy gracioso. Y muy bizarro.
Abrazos.
Aquí estamos otra vez los tres. Un placer y muchísimas gracias por la visita.
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