martes, 12 de febrero de 2013

DE MADRUGADA

Me despierto al notar tu ausencia. Te veo recortada a contraluz junto a la ventana. Miro la hora: las tres y catorce de la madrugada.
 
-        ¿Qué haces?
-        Nada.
-        ¿Te pasa algo?
-        No… no lo sé.
-        Cómo qué no lo sabes.
-        Me he despertado con una sensación de… no sé cómo explicarlo.
-        ¿Te duele algo?
-        No, no es eso.
-        Entonces ¿Qué es?
-        No lo sé, joder. Cómo tengo qué decírtelo.
-        Está bien, no te enfades, solo me preocupo por ti.
-        Duérmete, quiero estar a mi rollo.

Me doy la vuelta y trato de dormir. Faltan pocas horas para que suene el despertador. El saberte ahí plantada, frente de la ventana, hace que me preocupe y no consigo conciliar el sueño. Me giro y me quedo observándote. Pareces una estatua de tan quieta como estás. Por un momento temo que te hayas convertido en mármol. Justo en ese instante mueves el brazo para apartarte el pelo de la cara.
 
-        ¿Es por mí?
-        ¿A qué te refieres?
-        Digo que si estás así por mí, por algo que haya dicho o hecho.
-        No, es solo que… no lo sé. De verdad, cariño, no lo sé. Estoy deprimida sin saber por qué.
-        Vuelve a la cama.
-        Ya iré más tarde. Tú duérmete.
-        Estando tú ahí, no sé si voy a poder.
-        Duerme.

Sigo contemplándote, preocupado. Lo que sea que te pasa me afecta a mí también. Tus males son los míos. No lo puedo evitar. Me incorporo y me enciendo un cigarro.
 
-        ¿Por qué no duermes?
-         Es difícil sabiendo que te pasa algo.
-        En realidad no me ocurre nada.
-        Entonces ¿por qué no te metes en la cama?
-        Antes quiero… no sé ni lo que quiero.
-        Ven, antes de que cojas frío.
 
Como no vienes, me levanto y me acerco a tu lado.
 
-        Estás helada.
-        Abrázame fuerte.
 
Te abrazo. Tiemblas. Te froto la espalda con la palma de la mano y te beso en el cuello.
 
-        Vamos a la cama.
-        Quiero estar aquí un rato más.
-        Si no vienes conmigo no voy a poder pegar ojo.
-        Por favor, déjame.
 
Apago el cigarro que se consume en el cenicero y me meto en la cama con el firme propósito de aprovechar las pocas horas que me quedan de sueño. Por mucho que me esfuerzo me es imposible dormir. Mantengo los ojos cerrados con la esperanza de conseguirlo. A la media hora noto que ocupas tu lado de la cama y me quedo dormido.
Cuando suena el despertador me levanto sin energías en el cuerpo. No se me va de la cabeza la imagen de ti junto a la ventana.
Horas después, cuando regreso del trabajo, me recibes alegre y despreocupada. Te pregunto por el asunto de la noche anterior. Le quitas importancia y cambias de tema. Sin embargo, noto que en tu mirada hay una sombra que antes no estaba.

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