lunes, 25 de febrero de 2013

LA LLAMADA


Sonó el teléfono. Contesté.

-        Dígame.
-        ¿Tendrías un hijo conmigo?
      -        ¿Quééé?

A ella le hizo mucha gracia mi reacción. Escuché sus carcajadas a través del auricular.
Llevaba sin tener noticias suyas desde que se fue a vivir al extranjero. Hacía tiempo que fuimos pareja. Fue una relación con momentos buenos y otros malos, como la mayoría de las relaciones. Yo supe desde el principio que el compromiso no duraría, más que nada por la diferencia de edad, por aquel entonces ella acababa de cumplir los dieciocho y tenía todo un mundo por descubrir, yo pasaba de los treinta y dos y estaba de vuelta de todo. No me equivoqué, al año y medio nos decíamos adiós. Ahora ella me llamaba para pedirme un hijo. La vida es un mal chiste, pensé.

-        Sí, un hijo.
-        ¿Hablas en serio?
-        Totalmente.
-        Joder, tía. Estás como una cabra…
-        No tendrías que responsabilizarte de él. Lo único que tendrías que hacer es poner tu semillita.
-        Mi semillita.
-        Sí, tu semillita.
-        ¿Y de qué manera la pondría?
-        La habitual en estos casos.
-        O sea, que echándonos un polvo.
-        ¡Qué poco romántico eres!
-        ¡Ah! Encima tiene que ser un polvo romántico.
-        Hombre, es para engendrar un bebé, qué menos que un poco de romanticismo.
-        Ya sabes que a mí me gustan más esos de aquí te pillo aquí te mato.
-        Está claro que contigo no se puede hablar en serio.
-        Entonces, ¿Lo dices de verdad? ¿No bromeas?
-        No, no bromeo. Te lo estoy diciendo muy en serio.

La idea de volver a acostarme con ella me atraía, y mucho, pero eso de dejar mi semilla dentro no terminaba de convencerme. Me encendí un cigarro para templar los nervios.

-        ¿Y por qué me eliges a mí? Estoy seguro de que conoces a machos más capacitados.
-        ¿Te refieres a tipos con la polla más grande?
-        No, joder. Me refiero a que no soy ni demasiado inteligente, ni demasiado atractivo. Mis genes son de lo más normalillos.
-        Creo que te he elegido porque eres buena persona.
-        ¿Quieres tener un hijo conmigo sólo porque soy buena persona?
-        Supongo que sí.
-        También soy un vago y no paro de fumar porros.
-        Lo he tenido en cuenta.
-        Y aun así me has elegido.
-        Ya ves que sí.
-        No sé si sentirme halagado.
-        Tan sólo te pido un poco de esperma.
-        ¿Y si no te quedas embarazada a la primera?
-        Pues habrá que intentarlo de nuevo.
-        No te niego que la idea me atrae.

Me atraía y mucho. De hecho, estaba deseando volver a estar dentro de ella. Aspiré del cigarro con ansía.

-        Ja, ja, ja… Eres un cretino que sólo piensa en follar.

Al escucharla  decir la palabra “follar” tuve una erección instantánea. Como siempre, mi polla se anticipaba a mi cerebro. Apagué el cigarro, me bajé la cremallera del pantalón y comencé a toquetearme.

-        Añade a la lista que soy un egoísta que sólo piensa en su propio bienestar.
-        También eso lo he tenido en cuenta a la hora de valorar.
-        ¿Y aun con esas me sigues eligiendo? Empiezo a pensar que no tienes mucho donde elegir.
-        Que te crees tú eso. Sabes que estoy buenísima y podría hacérmelo con cualquiera que yo quisiera.

Efectivamente, ella era muy hermosa. De hecho, años atrás participó en un concurso de Miss España.

-        Entonces… Lo tienes claro, lo ser madre.
-        Tengo la edad adecuada y además me apetece. He sentido la llamada de la maternidad. Toda mujer termina sintiéndola tarde o temprano.
-        Cambiará tu vida completamente.
-        Mi vida necesita un cambio urgentemente.
-        ¿Y tendría que desplazarme hasta allí o vendrías tú?
-        Podríamos quedar a mitad de camino. No sé… por ejemplo en París. ¿No crees que sería súper romántico?
-        ¿París?
-        Sí… Qué pasa ¿no te gusta?
-        Me va a salir caro tu hijo.
-        ¡Qué dices! Si ese tipo de vuelos están tirados de precio.

Hice un cálculo mental de lo que me costaría el viaje, incluyendo el hotel, los gastos de la comida y esas cosas. A todas luces, si lo que quería era follar me salía más a cuenta irme de putas.

-        Es que… últimamente no ando bien de dinero y no sé si voy a poder.
-        ¿Y si yo viajo hasta ahí?
-        De esa forma no habría ningún problema.
-        Y de paso podría visitar a mis padres. No es mala idea.
-        ¿Y cuándo vendrías?
-        Tendría que organizarme un poco, pero pronto.

Era muy excitante masturbarse mientras escuchaba su voz a través del auricular.

-        ¿Cuándo es pronto?
-        Pronto es pronto… No sé. De aquí a una semana, más o menos.
-        ¿Tanto?
-        ¿Qué quieres, qué esté ahí mañana mismo?
-        No me importaría.
-        ¡Qué cerdo! Tú sólo piensas en metérmela.

Me excitó sobremanera oírla decir “metérmela”. Me apreté con fuerza la polla y meneé la mano arriba y abajo.

-        Y tú en mi esperma.
-        Mírale, ahora se pone chulito con su esperma.

También me excitó cómo dijo “esperma”. Sabía que lo que estaba haciendo no era digno, pero incluso eso me excitaba.

-        En cierto modo, esto es un intercambio. Tú me das placer y a cambio yo te doy espermatozoidessssssssssssssssssssss.

No pude evitar un escalofrío de placer. Ella notó algo raro.

-        ¿Te pasa algo?
-        Nooo… ¿por qué?
-        Porque respiras como un búfalo.
-        Es que… estoy un poco resfriado.
-        Pues cuídate, te quiero sano y en forma.

Fui alargando la conversación hasta que noté que el orgasmo se acercaba. Un espasmo me recorrió la espina dorsal hasta desembocar en mi miembro obligándome a eyacular.

-        ¡AAAAHHHHHHHH!...
-        ¿Qué pasa?

Aun con la mente nublada por la enajenación del placer pude encontrar una excusa para el gemido que se me había escapado.

-        ¡Joder! Me he vertido encima un café.
-        ¿Estás bien?

Observé el semen en la palma de mi mano, el mismo que ella me estaba reclamando. La pasión había desaparecido y ya no me apeteció seguir con la conversación.

-        ¿Estás ahí?... ¿Te encuentras bien?
-        Sí, sí… Oye mañana seguimos con la charla. Ahora tengo que cambiarme de ropa.

Colgué. Lo mío no tenía perdón. Entré en el baño y abrí el grifo. Y mientras observaba el agua desapareciendo por el desagüe supe que ése era el único esperma que ella iba a recibir de mí.

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