Releo ahora un poema que escribí para una próxima antología y en ella rememoro el último concierto que vimos juntos: el de Leonard Cohen, que abrió con la canción Dance me to the end of love (y me he sobrecogido: ese es el tema que mi hermana le puso en sus últimos minutos de vida; yo no lo recordaba). Colgaré ese poema, aquí o en la otra bitácora. Es lo mínimo que puedo hacer.
La última ilustración que hizo para David González tuvo que hacerla con la mano izquierda, siendo diestra (porque apenas podía mover ya el brazo derecho, con el que pintaba). No estaba del todo convencida de ese dibujo porque le parecía hecho por un niño: pero a mí me llenó de orgullo que dibujara con la izquierda, que no se rindiera, pese a los zarpazos continuos de la enfermedad. Como si dijera: si me arrebatan una mano, me queda la otra. Eso significa no rendirse. Significa echarle ovarios.
Nuestra madre le dijo hace poco a mi hermano que sabía que estábamos preparados para cuando ella se fuera. Así que no queda otra que estar a la altura de sus previsiones. Mi papel consiste en honrar su memoria. No hay más remedio que levantarse, listos para seguir peleando.
®José Ángel Barrueco
http://thekankel.blogspot.com/
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